Hace ocho años llegaron a una chacra en Cañada de Álvarez y se encontraron con un campo invadido por Acacia Negra. En lugar de combatir el problema con métodos convencionales, Magali y Héctor decidieron buscar una respuesta en la propia naturaleza. Así nacieron La Pequelette, sus cabras, sus quesos de pastoreo agroecológicos y una forma de vivir que hoy los conecta profundamente con el monte y sus ciclos.
Hay proyectos que nacen de una idea de negocio. Y hay otros que nacen de una manera de mirar el mundo.
La Pequelette pertenece a esa segunda categoría.
En Cañada de Álvarez, Magali y Héctor construyeron hace ocho años una vida alrededor de los animales, la naturaleza y una pregunta que terminó transformando por completo su manera de producir: ¿y si aquello que parecía un problema podía convertirse en parte de la solución?
Cuando llegaron a su chacra, encontraron el lugar invadido por Acacia Negra, un árbol espinoso que se había convertido en un verdadero desafío para el monte.
Ellos decidieron observar.
Y encontraron en sus cabras una aliada inesperada.
Cuando las cabras se convierten en guardianas del monte
Las cabras comenzaron a alimentarse de las plantas invasoras y, de esa manera, pasaron a cumplir un papel fundamental dentro del proyecto.
Lo que para muchos podía ser simplemente ganadería caprina, para Magali y Héctor se convirtió en una herramienta de restauración ambiental.
Las cabras ayudan a controlar las especies invasoras y contribuyen al cuidado del monte nativo mientras su alimentación permite desarrollar una producción lechera sin necesidad de recurrir a recursos externos.
Así, la naturaleza no aparece solamente como el escenario donde funciona el emprendimiento.
Es parte del proyecto. Es la protagonista y también la guía.
De esa relación nace una producción de quesos de pastoreo agroecológicos que busca respetar los ciclos naturales y aprovechar los recursos disponibles en el propio territorio.
La lógica es sencilla, pero profundamente poderosa: las cabras se alimentan del entorno, ayudan a controlar la vegetación invasora y, a partir de ese proceso, producen la leche que luego se transforma en alimentos.
Una cadena donde cada parte tiene un sentido.

Una vida elegida entre animales, monte y pequeñas cosas
Detrás de La Pequelette hay también una decisión personal.
Magali y Héctor eligieron vivir en el campo por amor a los animales y a la naturaleza. Y con el paso de los años, ese deseo inicial terminó convirtiéndose en una forma de vida.
Son solamente ellos dos quienes llevan adelante el proyecto, con la ayuda ocasional de voluntarios.
Mucho se hace a pulmón.
No hay una gran estructura detrás. Hay trabajo cotidiano, animales, campo, esfuerzo y dos personas que decidieron construir su vida alrededor de aquello en lo que creen.
Y quizás justamente ahí esté una de las partes más valiosas de esta historia.
Porque el proyecto no solamente les permitió producir.
También les permitió volver a mirar el tiempo de otra manera.
El contacto permanente con los animales y con los ciclos de la naturaleza los llevó hacia una vida más simple, más conectada con el entorno y con esas pequeñas cosas que muchas veces quedan escondidas detrás de la velocidad de la vida cotidiana.
La Pequelette terminó siendo mucho más que un emprendimiento.
Fue una manera de habitar.

Del monte a la mesa
El resultado de todo este proceso también puede disfrutarse.
Magali y Héctor elaboran quesos de pastoreo agroecológicos y proponen una experiencia que busca ir más allá de la degustación tradicional: una merienda para compartir sus quesos en compañía de las cabras.
La propuesta permite acercarse al proyecto desde otro lugar.
Conocer los animales.
Recorrer su entorno.
Entender de dónde viene lo que llega a la mesa.
Y descubrir que detrás de un queso puede existir una historia de campo, restauración ambiental, trabajo cotidiano y amor por la naturaleza.
Porque en La Pequelette no se trata solamente de producir un alimento.
Se trata de mostrar todo lo que puede suceder cuando una producción se integra al lugar donde nace.

Hacer del problema una solución
Quizás la imagen más potente de esta historia sea aquella con la que todo comenzó: una chacra invadida por Acacia Negra.
Hoy, ocho años después, esa dificultad forma parte de una experiencia completamente diferente.
Magali y Héctor encontraron en sus cabras una forma natural de intervenir sobre el territorio y, al mismo tiempo, construir su propia fuente de producción.
Con paciencia, trabajo y mucho esfuerzo, transformaron una problemática ambiental en una oportunidad para cuidar el monte, criar animales y elaborar alimentos.
La Pequelette demuestra que emprender también puede ser una forma de cuidar el lugar que se eligió para vivir.
Y que, a veces, las mejores soluciones no necesitan imponerse sobre la naturaleza, sino aprender a trabajar con ella.

Desde Cañada de Álvarez, Magali y Héctor siguen construyendo, a pulmón, una vida donde los animales, el monte, el alimento y el trabajo forman parte de una misma historia.
Para conocer su propuesta y acercarse a La Pequelette: 358 510 8107 | @la_pequelette_arg.
