¿Puede alguien pensar en los trabajadores?

“¿A quién represento yo?” se pregunta una figura del peronismo nacional. Y continúa, “por sensibilidad, dice Graciana Peñafort, tiendo a querer representar a los más necesitados, pero si yo me miro a mi misma digo, ¿a quién represento?. Y bueno, represento a una chica de clase media, que tiene una profesión liberal. También los representantes tenemos una crisis entre lo que queremos representar y lo que realmente representamos”. Este punto, además de ser un punto profundo y común a la discusión de lo político, es acuciantemente necesario. “El peronismo no es el partido de los pobres, es el partido de los trabajadores”, dijo Mayra Arena hace algunos días. Entre ambas, la relación respecto a la representación de Cristina, las diferencia, pero la necesidad de pensar la representación y el trabajo, las une. Oficialmente empezó la campaña 2027.¿Por qué se terminó el mundial?, ¿por el tiempo oficialmente lógico de los armados?. No lo sé.

No se si algo de esto es tan determinante. Lo que sí comprendo es que es este un momento especial. Único, muy único respecto a los viejos tiempos a los que nos gusta llegar con la palmada en la espalda de una clásica homologación. ¿Se parece a los treinta?, si. ¿Con condimentos noventosos?, seguro. Pero hay dos o tres cositas que podríamos fotografiar como trascendentales. Peter Thiel incluye en su proyecto a esta nación, se muda a este lugar. Está en Argentina uno de los representantes más importantes del liberalismo tecnocrático del planeta. No voy a entrar en sus especificidades, usted sabe.

Por otro lado, el actual Papa, con la misma línea que Bergoglio sostenía, le propone al tecnócrata estadounidense una crítica desde esta tradición. Argentina, ahí y de nuevo, no es un mero teatro donde se encuentran los actores, es la formación de estos mismos. Porque es justo en Argentina, dada la filosofía política de nuestro presidente y la contradicción que habita el ejercicio de su responsabilidad con su ideología más purificada, el lugar fecundo y coherente para Peter Thiel. Y porque es y son, en gran medida, las influencias jesuíticas, atravesadas directamente por la experiencia en estas tierras del sur, sumado a las teorías a las que abregara Bergoglio en la Argentina violenta de principio de los setenta, como la ‘teología de los pueblos’ de herencia hispánica, lo que le posibilita al cristianismo católico ser crítico frente a las propuestas del magnate de Silicon Valley. Así, vemos cómo la iglesia convida de su agenda a la clase política parcialmente a fin, y le presenta al presidente, cara cara, esta contradicción, en una misa de un barrio porteño. Este es un punto, global y local. Que evidencia la importancia de Argentina en el futuro de las discusiones universales, geopolíticas y filosofícas. Veamos un punto local que habla de lo que el comienzo de las elecciones habla. La jefa del organismo de fondos internacional Georgieva vino a procurar la continuación de Milei en el gobierno, y, además, a fijar el rumbo por el cual Argentina debe ir los próximos años, incluso sin el especial mandatario y su equipo.

Así, esta situación, con la completa privación de lo común como proyecto oficial, con las fuentes estratégicas nacionales y sus medios como el traslado, los trabajadores y la maquinaria, extranjerizada, con los organismos internacionales decidiendo el proyecto nacional de una ‘democracia’, este momento histórico le queda grande a la década infame. Por eso hablamos de los treinta, más los noventa. Por eso hablamos del triunfo de la dictadura. El ‘rumbo’ marcado por Georgieva deja de suyo cosas muy interesantes. Son las cosas que nos rompen la brújula con la que la primera década del siglo veía el mundo político. Quiero decir, la titular del FMI exige la estandarización de las formas neoliberales de hacer economía, pero también revisar los salarios, dirigentista y verticalmente. Y continuar, o cuando no, aumentar, la ayuda a los más necesitados. La pregunta que surge es: ¿que tan amplia es la representación de ese neoliberalismo en el espectro de los dirigentes que tenemos?, ¿no aparecen así, teniendo en cuenta estos análisis, múltiples actores puestos en supuesta contradicción por los poderes de opinión?. Veamos otro: Malvinas y la agenda político cultural. Lo catapultó la misma selección Argentina a la que se juzgaba de despolitizada. Justo cuando los deseos de algunos no coincidían con los de todos.

Pero ahora sí, al menos coinciden con el subsuelo. Hoy todas las canchas, fin de semana tras fin de semana, presentan una bandera réplica de la que se alzase desde el suelo en Atlanta hace unas semanas. ‘Queremos que nos recuerden como trabajadores’ dijo nuestro arquero. No hay que olvidar esto. Malvinas se volvió lo más buscado en google. Google, que reúne más información que toda la reunible desde la estandarización de la grafía en la civilización hasta hoy. En google, lo más buscado fue Malvinas. Eso conmovió, en el arco político, a todos. Algunos sectores conservadores salieron a quejarse del accionar, como Macri, Quirno, e incluso Milei a través de cuentas oficialistas de altos mandos. Pero también conmovió a los sectores políticos de representación popular, como amplios sectores de la izquierda y el peronismo. Lo cual suscita la pregunta de, ¿por qué no sorprende que también haya incomodado a un sector presuntamente popular y nacionalista?.

De nuevo, ¿a quién representa la malvinización fogoneada de a poco desde el subsuelo de la nación? Ya vimos antes agentes de la política internacional definir la nacional. Ya vimos antes agentes de la clase política de otras naciones definir la nacional, secreta y explícitamente. Es lamentablemente normal acá. También ya vimos las crisis de representación ante grandes cambios de estructuras sociales. Nuestro gran cambio de la actualidad es el trabajo. Aparece la izquierda y sus representantes, sobre todo sale a luz en relación con algunas discusiones con el peronismo. Aparece el nacionalismo católico y su agenda, y los demócratas liberales de siempre. El partido, el movimiento de los trabajadores no se ha definido aún. ¿Le importa a la gente? no del todo, pero empieza a ser una pregunta, preguntable, digamos. Que es importante, lo es. Quizás, en aquella pregunta de Peñafort aparezca el motivo de esta insistencia. Durante casi una década, los sectores intelectuales del ámbito ‘popular’ trataron de inconscientes dominados a los emprendedores, trabajadores de apps, etc. ¿Qué es un emprendedor?. Escuchamos en los medios más políticamente correctos, en los más progres e incluso en los conservadores de siempre, como ‘una pastelera y tarotista maneja la política del país’. Típico rasgo gorila. ¿Cuántas barberías se abren ante la crisis?. ¿Cuántas pibas que hacen las uñas o cosmética en general sueñan con ‘vivir de lo suyo’?. ¿Qúe es only fans o un streamer?. ¿Qué es una marca personal y la extensión de la identidad en redes? ¿Que dice, que implica, desde el lado del trabajador acuciado que abre su segundo empleo, la necesidad de estudiar una práctica de no más de un año?, ¿es el enemigo este trabajador?. ¿es mera dominación? Saquemos a la luz el objeto al que bordemos todo este texto. Por un lado tenemos una propuesta que es internacional por parte del FMI, nacional por una amplia gama de representantes, que sitúa al trabajo en la informalidad respecto a sí mismo y formal respecto a, por ejemplo, un ingreso básico universal. Informal en el plano privado, formal en términos estatales. ¿Quienes lo encausan? desde Georgieva, pasando por Thiel, la última década política (Macri, Fernandez, Milei), y hasta Grabois. Al mismo tiempo, en el plano económico, se ataca a este trabajador logrando que no haya posibilidad de ahorro y solo de endeudamiento.

Mientras se trata a estos sujetos como los no avispados, presos de la ingenua ilusión liberal, en algunos casos, o de víctimas de una explotación más laxa en su ejercicio, ej: somos trabajadores porque trabajamos scrolleando. Pero ¿cuál es el sitio de enunciación de estos trabajadores?, ¿en qué sentido?. ¿Puede alguien pensar en los trabajadores?.