Un nuevo hecho de inseguridad vuelve a golpear a uno de los espacios más emblemáticos y visitados de la ciudad de Alta Gracia. Este domingo, cerca de las 11:30, se registró un hurto en la playa de estacionamiento de la Gruta, un sitio históricamente asociado a la tranquilidad, la espiritualidad y el turismo.
Según pudo saber Mi Valle, el damnificado —un hombre de 33 años— regresó a su vehículo, una camioneta Toyota Hilux blanca, y constató el faltante de una mochila marca Brown, dinero en efectivo y una tablet. El robo habría sido perpetrado mediante el uso de inhibidores de alarma.
El robo no solo impacta por el delito en sí, sino por el contexto: se trata de una familia oriunda de Entre Ríos que se encontraba de paso por la ciudad. Habían llegado en varios vehículos y, de acuerdo a lo informado, al menos dos de ellos habrían sido inhibidos. En uno de esos rodados se concretó el robo.
Pero hay un dato que enciende aún más la alarma: mientras realizaban la denuncia, no menos de cuatro personas se acercaron a la familia para contar que habían sido víctimas de robos bajo la misma modalidad en el mismo sector. Todos coincidían en un patrón: inhibidores, vehículos estacionados y un entorno donde la gente baja la guardia.
“La gente viene relajada, confiada, pensando que es un lugar de paz… y ahí aprovechan”, relató uno de los damnificados, visiblemente indignado. La escena se repite: turistas con bolsos, mochilas y valijas que se convierten en blanco fácil. “Se hacen el día”, resumió con crudeza.
Según indicaron fuentes policiales a uno de los familiares, «en el lugar había presencia policial al momento del hecho. Un dato que, lejos de llevar tranquilidad, abre otro interrogante: qué es más preocupante, si la ausencia de controles o que estos delitos ocurran incluso con efectivos en la zona».
Desde la Policía confirmaron además que existe una cámara de seguridad en las inmediaciones y que personal de investigaciones trabaja para obtener las imágenes que permitan avanzar en la identificación de los responsables.
Mientras tanto, la familia damnificada realiza la denuncia correspondiente en la Unidad Judicial. En medio del mal momento, una frase quedó flotando con fuerza: “Lo triste es que se trata de gente que no vuelve más”.
El episodio vuelve a poner en agenda la seguridad en sectores turísticos y de alta circulación. Porque cuando el delito irrumpe incluso en los lugares que deberían ser refugio, el daño no es solo material: también es simbólico. Y ese, muchas veces, cuesta mucho más reparar.
