Durante meses, Marcela vio cómo su ingreso desaparecía entre débitos sin explicación, intereses que se multiplicaban y respuestas que nunca llegaban. Hoy, con una medida judicial a su favor, busca algo tan básico como urgente: recuperar lo que es suyo y poder vivir.
Marcela es jubilada desde 2015. Trabajó durante más de 30 años en el Estado provincial y hace una década eligió Alta Gracia para vivir. Lo que debería haber sido una etapa de tranquilidad se transformó, sin aviso, en una pelea diaria con el Banco Provincia de Córdoba por sostener lo esencial.
Todo comenzó con una deuda menor en su tarjeta. “Era algo chico, hice reprogramaciones varias veces”, cuenta. Pero lo que siguió —según relata— fue una cadena de irregularidades: meses en los que el banco no debitaba nada y otros en los que directamente descontaba montos que ella nunca autorizó.
La situación escaló a un punto crítico: hubo meses en los que directamente no cobró su jubilación. “En enero no me pagaron, en marzo tampoco. Y en otro mes me depositaron solo una parte. Sacan y ponen ítems sin ninguna orden de embargo ni autorización mía”, explica.
Intentó resolverlo por las vías habituales. Fue a la sucursal del Banco Provincia en Alta Gracia, llamó al 0800, habló con empleados y hasta con la gerenta. La respuesta que recibió, asegura, fue desalentadora: “Me dijeron que vaya a trabajar (es emprendedora de Plaza Solarea) y consiga más de un millón para pagar los intereses”.
También recurrió a Defensa del Consumidor, pero su denuncia no prosperó. En el sindicato le confirmaron que no era un caso aislado: hay una lista de personas en la provincia atravesando situaciones similares.
Mientras tanto, la deuda crecía de forma exponencial. “Era de un millón y pasó a cinco millones. Son intereses sobre intereses. Las tarjetas ya ni las uso, están dadas de baja”, relata.
Vivir con menos de lo mínimo
La historia de Marcela no es solo un conflicto bancario. Es la radiografía de una economía personal al límite. Cobra alrededor de 1.300.000 pesos. De ese monto, 400 mil se van en alquiler. El resto se reparte entre alimentos, impuestos y gastos básicos.
“Una cuota de 600 mil es imposible. No hay forma de sostenerlo”, dice.
Es divorciada y vive con su hija, estudiante de segundo año de ingeniería en la UTN. El ingreso familiar se completa con una beca mínima. Ante la crisis, su hija buscó trabajo en comercios de la ciudad, pero no tuvo respuesta.
Para sostenerse, Marcela tuvo que reinventarse: vende comida, panificados y artesanías en las ferias locales. “Me doy vuelta como puedo. Pero las ventas están muy bajas. Si vendés caro no compran, y si vendés barato no te alcanza”, resume.
A eso se suma su estado de salud: padece enfermedades crónicas como artritis, artrosis y fibromialgia, además de hernias de disco. Este año no pudo acceder a tratamientos ni medicación. “APROSS no cubre casi nada y no tengo cómo pagarlo”, lamenta.
Cansada de no encontrar respuestas, decidió buscar ayuda legal y se dirigió a la abogada local Daniela Ferrari. Presentó un amparo y obtuvo una medida cautelar que ya fue admitida por la Justicia.
El fallo ordena al banco:
- No descontar más del 20% de sus ingresos
- Devolver de inmediato lo cobrado en exceso
- Respetar esta medida de forma urgente
“Es la única manera de poner un límite. Que se cumpla la ley y no lo que ellos quieran”, sostiene. En los próximos días habrá una audiencia clave. Marcela espera que este paso no solo resuelva su situación, sino que también abra una puerta para otros en su misma condición.
Después de décadas de trabajo, Marcela no pide privilegios, pide previsibilidad. Pide respeto. Pide poder vivir. “Es una vergüenza que los jubilados tengamos que salir a buscar trabajo, a estudiar, a reinventarnos. Deberíamos estar tranquilos, en casa, recuperándonos de nuestras enfermedades”, dice.
Su historia no es solo personal. Es el reflejo de una realidad que, según ella misma advierte, se repite en silencio. Y que, ahora, empieza a hacerse escuchar.
¿Querés conocer los productos que Marcela vende a diario en Plaza Solares?
Instagram: Foca Dulce – laplacitadelaabu