Juana Manso: la mujer que desafió su época para transformar la educación

Cada 11 de septiembre, Argentina conmemora el Día de las Maestras y los Maestros en homenaje a Domingo Faustino Sarmiento, una de las figuras centrales en la construcción del sistema educativo argentino. Pero la historia de la educación no puede contarse solamente desde su nombre.

Detrás de aquella construcción también hubo mujeres que enseñaron, escribieron, dirigieron escuelas, impulsaron nuevas formas de aprender y defendieron el derecho de niñas y mujeres a acceder a la educación. Entre ellas, una figura se destaca por la fuerza y vigencia de sus ideas: Juana Manso.

Recuperarla en esta fecha no significa quitarle lugar a Sarmiento, sino ampliar la mirada sobre una historia que fue construida por muchas personas y en la que las mujeres tuvieron un papel fundamental, aunque sus aportes no siempre recibieron el mismo reconocimiento.

Juana Manso, una mujer que decidió incomodar a su época

Nacida en Buenos Aires en 1819, Juana Manso fue educadora, escritora, periodista, traductora y una de las primeras voces feministas de la Argentina. En una sociedad profundamente atravesada por las desigualdades entre hombres y mujeres, sostuvo ideas que resultaban profundamente disruptivas para su tiempo.

Defendió que las mujeres tuvieran acceso a la educación y a la vida pública, cuestionó los roles que las confinaban al ámbito doméstico y sostuvo que la educación era una herramienta fundamental para construir una sociedad más igualitaria.

Su compromiso con la enseñanza comenzó muy temprano. Durante su exilio en Montevideo, creó una escuela para niñas y desarrolló métodos pedagógicos diferentes de los tradicionales, entre ellos el rechazo a los castigos físicos y una mayor importancia al buen trato y al desarrollo de los estudiantes.

Con el tiempo, sus ideas también encontraron un lugar en la educación argentina.

Fue directora de una escuela para niños y niñas, convirtiéndose en una de las principales impulsoras de la educación mixta en una época en la que separar la enseñanza según el sexo era lo habitual. También promovió bibliotecas populares, nuevos métodos de enseñanza, la educación de la primera infancia y una formación que buscara algo más que la repetición de contenidos.

Una historia compartida con Sarmiento

La relación entre Juana Manso y Sarmiento también permite mirar de otra manera la historia del 11 de septiembre.

Ambos compartieron ideas y proyectos vinculados con la educación pública y popular. Sarmiento reconoció las capacidades de Manso y le confió responsabilidades dentro del sistema educativo. Ella, a su vez, tuvo una participación activa en la construcción de políticas y espacios educativos.

Manso fue la primera mujer en integrar el Consejo Nacional de Educación y dirigió durante años los Anales de la Educación Común, una publicación fundamental para los debates pedagógicos de la época. También impulsó ideas vinculadas con la educación de la primera infancia y difundió nuevas corrientes pedagógicas.

Por eso, hablar de Sarmiento y de Manso no debería plantearse como una competencia entre nombres. Son parte de una historia compartida, aunque sus trayectorias y sus aportes hayan sido diferentes.

La propia propuesta educativa oficial para abordar esta fecha desde una perspectiva de género señala que los aportes de numerosas mujeres al sistema educativo no fueron reconocidos de la misma manera que los de Sarmiento, aun cuando ambos trabajaron en común y formaron parte de un mismo proyecto de educación popular.

De Juana Manso a las maestras de todos los días

La historia tampoco termina en las grandes figuras.

A lo largo de generaciones, miles de mujeres hicieron de la enseñanza una forma de transformar sus comunidades. Maestras rurales, directoras, bibliotecarias, educadoras de nivel inicial, profesoras, trabajadoras de la educación y tantas otras construyeron escuelas desde lugares muchas veces invisibles.

Algunas quedaron registradas en los libros de historia. Muchas otras no.

Sin embargo, sus aulas, sus proyectos, sus bibliotecas, sus preguntas y sus formas de acompañar a niños, niñas y jóvenes también forman parte de la educación que existe hoy.

La profesión docente estuvo históricamente atravesada por una fuerte presencia femenina. Recuperar esa historia permite reconocer no solamente a las figuras más conocidas, sino también preguntarse quiénes pudieron acceder a espacios de decisión, quiénes fueron reconocidas y qué lugar ocuparon las mujeres en la construcción de la educación pública.

Una fecha para ampliar la memoria

El 11 de septiembre sigue teniendo como referencia central a Sarmiento. Pero cada año puede ser también una oportunidad para ampliar la memoria y mirar más allá del nombre que tradicionalmente ocupa el centro de la efeméride.

Recordar a Juana Manso es recuperar a una mujer que no aceptó que la educación fuera un privilegio, que defendió la igualdad de oportunidades y que entendió que enseñar también podía ser una forma de transformar las estructuras de una sociedad.

Y recordarla es, también, mirar a todas las mujeres que después de ella siguieron haciendo escuela.

Porque la historia de la educación argentina no tiene una sola voz.

Tiene la voz de Sarmiento, sí. Pero también la de Juana Manso y la de tantas maestras que, generación tras generación, hicieron de la enseñanza una herramienta para abrir caminos.

Este 11 de septiembre, además de agradecer a quienes enseñan, también vale la pena preguntarse a quiénes estamos recordando cuando contamos la historia de la educación y a quiénes todavía nos falta nombrar.