Gema Company transciende culturas y fronteras: otra vez vuelve a hacer historia

Hay viajes que duran algunos días y hay otros que empiezan muchos meses antes de subir a un colectivo. El viaje de Gema hacia San Salvador de Jujuy fue, en ese sentido, mucho más que una competencia. Fue el resultado de meses de preparación, miles de horas de ensayo, esfuerzo familiar, trabajo colectivo y una construcción cultural que la academia en sus dos sedes, Alta Gracia y Santa Ana, viene sosteniendo desde hace años.

Con una delegación de aproximadamente 130 personas, entre ellas 60 bailarines de distintas generaciones, Gema  representó a Alta Gracia, Santa Ana, al Valle de Paravachasca y al Departamento Santa María en la selectiva del gran certamen Córdoba Danza realizada en Pálpala, Jujuy.

Y el regreso es con grandes reconocimientos

La academia obtuvo el podio en primer lugar como campeones de la selectiva entre todas las escuelas, mientras que las distintas coreografías presentadas recibieron primeros premios, dos de ellas obtuvieron una premiacion especial como mejores coreografías de su categoría, en este caso infantil y juvenil. A esto se sumaron dos reconocimientos individuales para su directora, Camila Torres, quien fue distinguida como Mejor Maestra Preparadora y Mejor Coach.

Pero entre todos los reconocimientos hubo uno que abrió una puerta todavía más grande.

Francisco Genari, con 11 años, quedó seleccionado para el camino hacia Nueva York

Entre bailarines provenientes de distintas provincias que participaron de la selectiva, fueron seleccionados los dos mejores bailarines en categoría Oro para continuar en la instancia que definirá quiénes podrán acceder a un pase a Nueva York.

Uno de ellos fue Francisco Genari, integrante de Gema, de apenas 11 años.

Su selección significa que ahora forma parte de ese grupo de bailarines que continuará en carrera por la posibilidad de viajar a Nueva York. Entre los seleccionados se realizará posteriormente una votación para definir quiénes serán finalmente los bailarines que obtendrán ese pase.

Para Gema, el reconocimiento a Francisco representa también el resultado de un proceso de formación que comienza mucho antes de una competencia: en las clases, en los ensayos, en la disciplina, en la confianza construida con los docentes y en el acompañamiento permanente de las familias.

El resultado obtenido en Pálpala, Jujuy también significó un paso decisivo dentro de la competencia

Gema logró clasificar a la instancia final de Córdoba Danza, una etapa que presenta un desafío todavía mayor por el nivel de los participantes y por las oportunidades que se ponen en juego. En esta final, los bailarines tendrán la posibilidad de acceder a distintos pases internacionales con destinos como Uruguay, Chile, Brasil, Ecuador y Bolivia, ampliando las posibilidades de que el trabajo realizado durante estos meses pueda proyectarse hacia nuevos horizontes.

Además, la instancia final mantiene abierta la posibilidad de que otros bailarines de Gema también puedan ser seleccionados para el pase a Nueva York. De esta manera, la clasificación no representa únicamente un nuevo desafío para toda la delegación, sino también la apertura de nuevas oportunidades para quienes forman parte de la institución y continúan trabajando y preparándose para esta próxima etapa.

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Detrás de cada premio hubo meses de preparación

El resultado obtenido en Jujuy no comenzó en Jujuy.

Durante largos meses, los bailarines atravesaron una intensa preparación que incluyó miles de ensayos y jornadas de trabajo de hasta tres horas, además de prácticas extras destinadas específicamente a perfeccionar cada coreografía.

Hubo correcciones, repeticiones, cansancio, concentración y horas compartidas. Hubo bailarines de diferentes edades aprendiendo a trabajar como equipo y familias acompañando cada etapa del proceso.

Porque una competencia puede durar algunas horas, pero detrás de esas horas existe una enorme cantidad de trabajo invisible, que es sostenido por una mentalidad y un cuerpo preparado con conciencia, amor, dedicación y sobre todo constancia y disciplina.

En este caso, además, el viaje fue sostenido económicamente a pulmón, con el esfuerzo de las propias familias y de toda la comunidad que forma parte de Gema.

La dimensión del traslado también permite comprender el desafío: fueron aproximadamente 130 personas las que emprendieron el viaje hacia Jujuy, de las cuales alrededor de 60 fueron bailarines que representaron a toda la región.

No se trató solamente de trasladar a un grupo de artistas. Fue movilizar una comunidad entera alrededor de la danza.

Una construcción cultural que lleva años

Y quizás allí esté la parte más importante de esta historia.

Los premios, los primeros lugares, las distinciones y la posibilidad de llegar a Jujuy e inclusive a Nueva York son resultados enormes. Pero para Gema, la experiencia tiene un significado que va mucho más allá de una planilla de resultados.

Hace años que la academia viene construyendo un espacio en el que la danza transcurre en comunidad.

Esa construcción se sostiene en los bailarines, en sus docentes, en las familias, en quienes colaboran y en cada persona que aporta para que un niño, una niña, un adolescente o un adulto pueda subirse a un escenario y sentirse parte de algo colectivo.

En Jujuy convivieron bailarines de diferentes edades, experiencias y recorridos. Todos compartieron ensayos, viaje, escenario, nervios, expectativas y finalmente la celebración de los resultados.

La danza, en este caso, no aparece solamente como una disciplina artística o competitiva. También aparece como un punto de encuentro.

Como un espacio para crecer.

Como una manera de construir vínculos.

Como una expresión cultural que permite que una comunidad pueda reconocerse y llevar su identidad mucho más allá de su lugar de origen.

El acompañamiento también fue parte del viaje

El esfuerzo económico del viaje fue asumido principalmente por las familias y por la propia comunidad de Gema. Sin embargo, también hubo acompañamiento institucional.

La Municipalidad de Santa Ana colaboró con la delegación durante el viaje mediante la entrega de agua, frutas, caramelos y turrones para los bailarines.

Son gestos concretos que, en un viaje de estas características, también forman parte de una construcción colectiva: estar presentes, acompañar y ayudar a que quienes representan a la región puedan atravesar de la mejor manera una experiencia que demandó meses de preparación.

Una delegación que volvió mucho más que con premios

La selectiva de Córdoba Danza en Pálpala dejó para Gema una extensa lista de reconocimientos, pero también una experiencia difícil de medir en trofeos.

Volvieron con una escuela reconocida como la Mejor Escuela.

Con coreografías distinguidas con primeros premios.

Con su directora, Camila Torres, reconocida como Mejor Maestra Preparadora y Mejor Coach.

Y con Francisco Genari, un bailarín de apenas 11 años, seleccionado entre representantes de distintas provincias para continuar en carrera por un posible pase a Nueva York.

Pero también volvieron con algo que no entra en ninguna categoría de competencia: la certeza de que detrás de cada escenario existe una comunidad que trabaja para llegar hasta allí.

Porque cuando un bailarín baila, no lo hace solamente quien aparece bajo las luces.

Bailan también las familias que acompañaron los ensayos, quienes hicieron posible el viaje, los docentes que corrigieron una y otra vez cada movimiento, los compañeros que compartieron jornadas de trabajo y todas las personas que, de una u otra manera, sostuvieron el proceso.

Después de meses de esfuerzo, Gema volvió de Jujuy con premios y reconocimientos. Pero, sobre todo, volvió con la confirmación de una identidad que se viene construyendo desde hace años: en Gema, la danza se vive en comunidad.

Y esta vez esa comunidad llevó el nombre de Alta Gracia, Santa Ana, el Valle de Paravachasca y todo el Departamento Santa María hasta Jujuy.

Ahora, mientras los bailarines vuelven a las salas de ensayo, queda por delante un nuevo capítulo. Porque para Francisco hay además una posibilidad que recién comienza a tomar forma: la de llegar a Nueva York.

Y para toda la comunidad de Gema, queda la satisfacción de haber demostrado que detrás de cada gran presentación existe una construcción mucho más grande: la de una escuela que crece, que forma, que acompaña y que entiende que la danza también puede ser una manera de construir comunidad.