Los recientes ataques de perros que tuvieron lugar en la región volvieron a poner sobre la mesa una problemática que genera preocupación, dudas y también mucho debate entre vecinos: ¿qué puede hacerse para prevenir estos episodios?, ¿la raza determina que un perro sea peligroso?, ¿cómo deberían actuar las personas responsables de animales con conductas agresivas?, ¿existe una tendencia natural de los perros a atacar a los niños?
En diálogo con Mi Valle, la educadora canina Elena Tissot abordó estas preguntas y planteó la necesidad de mirar la problemática desde distintos lugares, poniendo el foco especialmente en la prevención, la tenencia responsable y el aprendizaje sobre el comportamiento animal.
Para la especialista, una parte de la respuesta debe estar vinculada a las políticas públicas y al control de las responsabilidades humanas. En ese sentido, consideró necesario fortalecer las medidas frente a quienes tienen animales con antecedentes de ataques y continúan permitiendo que permanezcan sueltos.
También cuestionó determinadas formas de tenencia en las que los perros permanecen permanentemente atados y con escasa interacción o aprendizaje. Según explicó, un animal que vive en esas condiciones puede desarrollar determinadas respuestas y, ante una situación en la que logra soltarse, representar un riesgo.
La responsabilidad de las personas que tienen perros
Tissot hizo hincapié en que hablar de agresividad implica también hablar de las condiciones en las que vive y se desarrolla cada animal.
En ese marco, señaló que no alcanza con pensar únicamente en el perro como responsable de una conducta, sino que resulta necesario analizar qué lugar tuvo la persona a cargo en su crianza, manejo, socialización y educación.
La educadora canina también mencionó otro fenómeno que, según su experiencia, debería ser abordado con mayor control: las peleas clandestinas de perros.
De acuerdo con su planteo, algunos animales utilizados en ese tipo de prácticas pueden ser sometidos a entrenamientos que refuerzan determinadas respuestas agresivas y luego ser comercializados o entregados a otras personas, reproduciendo el problema.
“Ahí es donde falta la prevención”, sostuvo durante la entrevista, al remarcar que existe una necesidad de que la sociedad conozca mucho más sobre el comportamiento y las necesidades de los perros.
¿La raza determina que un perro sea agresivo?
Uno de los puntos centrales de la conversación estuvo relacionado con una pregunta que aparece con frecuencia cada vez que ocurre un ataque: si determinadas razas son naturalmente peligrosas.
Tissot fue contundente al rechazar la idea de que una raza, por sí sola, determine la conducta de un perro. Según explicó, la genética influye en aspectos del temperamento y puede condicionar determinadas características del animal, pero no significa que un perro nazca necesariamente agresivo.
En particular, sostuvo que la agresividad se construye a partir de procesos de aprendizaje y de experiencias repetidas.
Al mismo tiempo, marcó una diferencia importante: que una raza no sea “agresiva por naturaleza” no significa que todos los perros tengan las mismas características físicas ni que las consecuencias de una mordida sean iguales.
En ese sentido, señaló que existen perros de gran tamaño y con determinadas características físicas capaces de provocar lesiones mucho más graves que otros animales. Por eso, consideró que a la hora de adoptar o incorporar un perro a una familia también es importante conocer las características y necesidades de cada animal.
El aprendizaje también forma parte de la prevención
Para la educadora canina, una de las principales herramientas para reducir los riesgos es aprender a interpretar a los perros y comprender qué necesitan.
La prevención, explicó, no comienza cuando ocurre un ataque, sino mucho antes: en la forma en que se cría al animal, en su socialización, en el aprendizaje, en la supervisión y en la responsabilidad cotidiana de las personas que conviven con él.
“Necesitan muchísimo más aprendizaje sobre los perros en general”, planteó Tissot durante el diálogo con este medio.
La idea implica dejar de pensar únicamente en medidas posteriores a un episodio y avanzar también en herramientas que permitan identificar señales de incomodidad, miedo, estrés o determinadas conductas antes de que una situación escale.
¿Los perros tienen una tendencia natural a atacar a los niños?
Otro de los interrogantes que surgió durante la entrevista estuvo relacionado directamente con los niños, especialmente a partir de los casos recientes que generaron preocupación.
Ante la pregunta sobre si los perros tienen una tendencia natural a atacar a los menores, Tissot explicó que no existe un odio o una predisposición específica hacia los niños por el solo hecho de serlo.
Según su explicación, en situaciones donde existe un animal con problemas de conducta y sin un manejo adecuado, determinadas personas o integrantes de la familia pueden quedar más expuestos que otros.
La especialista utilizó el concepto de “eslabón más débil” para explicar que, ante una situación de agresividad, el animal puede dirigirse hacia quien percibe como más vulnerable o con quien tiene mayor facilidad para ejercer una conducta determinada.
Por eso, remarcó nuevamente la importancia de la responsabilidad humana y de conocer cómo manejar correctamente a un perro, especialmente cuando existen antecedentes de conductas agresivas.
Una conversación que busca prevenir
Los ataques de perros no solamente dejan consecuencias para las personas afectadas y sus familias. También generan miedo, preocupación y preguntas en toda la comunidad.
En ese contexto, la entrevista con Elena Tissot busca aportar una mirada desde la educación canina y abrir una conversación que todavía tiene muchos aspectos por abordar.
La prevención, la tenencia responsable, el conocimiento del comportamiento animal, la intervención ante antecedentes de agresividad y el control de prácticas que puedan fomentar conductas violentas aparecen como algunos de los puntos centrales de un problema que requiere compromiso tanto individual como colectivo.
Porque detrás de cada perro hay una persona responsable de su cuidado, de su entorno y de las decisiones que toma respecto de ese animal. Y conocer más también puede ser una herramienta para prevenir.
ca2f16e9-9154-4511-9f36-f1f57cd6a4c6

