Paola González vive hace 13 años en Villa Parque Santa Ana y su historia es un ejemplo profundo de resiliencia. En septiembre del año pasado, atravesó uno de los momentos más difíciles de su vida: la pérdida de su hijo en un accidente. Un dolor inmenso que, con el tiempo, comenzó a encontrar una forma de canalizarse.
A poco de lo sucedido, un viaje a Mina Clavero —un lugar que ama— marcó un punto de inflexión. Allí, casi sin planearlo, decidió preparar un pan relleno inspirado en una receta familiar. En ese momento, Paola estaba realizando un curso de panadería, y con lo aprendido empezó a crear su propia versión. Entre charlas y mates, surgió la idea: ¿y si los vendía durante sus visitas?
Al regresar a su casa, algo cambió. Amasar dejó de ser solo una actividad para convertirse en un refugio. En ese gesto cotidiano, encontró una conexión con su hijo, con quien solía compartir la cocina preparando pizzas y ñoquis que él había aprendido en la escuela. “Cada vez que amasaba, me sentía menos peor”, cuenta, poniendo en palabras un proceso difícil pero transformador.
Con esa fuerza, comenzó a publicar sus productos y rápidamente vendió todo. Fin de semana tras fin de semana, sus panes rellenos encontraron clientes y también un propósito: sostenerla, impulsarla a seguir. Así, logró retomar y finalizar su curso de panadería, a pesar de que el regreso no fue fácil. “Quise salir corriendo, pero algo dentro mío me trajo calma”, recuerda.
Al finalizar, decidió apostar por una línea de productos integrales, pensados para quienes buscan opciones ricas y saludables. Con recetas propias y combinaciones cuidadas, nació su emprendimiento, donde cada elaboración lleva una historia y una intención: brindar alimentos de calidad, seguros, sabrosos y hechos con amor.
La respuesta de quienes prueban sus productos no tarda en llegar: “riquísimo”. Para Paola, cada devolución es un mimo al alma. Porque en cada pan también está presente el amor por su hijo, que ya no está, y por sus hijas, que la acompañan en este camino.
Inspirada por una frase que la marcó —“el dolor se cura poniendo las manos a trabajar”— encontró en la panadería una forma de transitar su duelo. Hoy, su proyecto no solo crece, sino que también abraza.
A futuro, sueña con expandirse, sumar personas a su equipo y abrir una cafetería donde sus productos puedan disfrutarse junto a una buena infusión, en un espacio cálido y cercano.
Quienes quieran conocer más o probar sus creaciones pueden seguir su emprendimiento en Instagram: Instagram como @pan.de.pao, donde cada publicación refleja el corazón puesto en cada receta.

