En Villa del Prado, una historia de esfuerzo y reinvención comenzó a tomar forma entre hilos, colores y mucha dedicación. Andrea, de 36 años, decidió emprender un camino totalmente nuevo luego de quedarse sin trabajo, buscando una alternativa para sostener a su familia y salir adelante junto a su hija de 10 años.
Sin experiencia previa en el tejido, dio sus primeros pasos inspirándose en diseños que veía en redes sociales de países como Brasil y Ecuador. “Los primeros no quedaban como me gustaban, era armar y desarmar”, contó a Mi Valle. Sin embargo, la constancia fue clave hasta lograr el estilo que hoy la identifica.
Así nacieron sus carteras tejidas artesanales, piezas únicas que combinan diseño, elegancia y originalidad. Cada una implica horas de trabajo, desde la elección de colores hasta los detalles finales, lo que las convierte en productos exclusivos: no hay dos iguales.
El emprendimiento no solo representa una fuente de ingresos, sino también un desafío personal superado. “No fue fácil, pero no me dejé vencer”, expresó Andrea, quien hoy apuesta a consolidar su marca y llegar a más personas con sus creaciones.
Con presencia en redes sociales, Andrea utiliza plataformas como Instagram, Facebook y WhatsApp para difundir su trabajo y conectar con potenciales clientes. Allí comparte sus diseños terminados y el proceso detrás de cada cartera, mostrando el valor de lo hecho a mano.
Su objetivo es claro: que cada persona que use una de sus carteras se sienta única y elegante. En cada puntada hay una historia de esfuerzo, aprendizaje y pasión que hoy busca crecer y hacerse un lugar en el mundo emprendedor.
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