Jero y Raki: la promesa de viajar juntos que recorrió 6.000 kilómetros

Jero Bonvin nació en Alta Gracia, tiene 26 años y desde hace tiempo disfruta de viajar. Pero esta vez la aventura tenía algo diferente: desde el principio sabía que Raki, su perro y compañero inseparable, iba a ser parte del viaje. Para hacerlo posible, construyó una pequeña casa de madera sobre su moto y juntos recorrieron unos 6.000 kilómetros por Brasil.

Durante mucho tiempo, Jero y dos amigos de toda la vida hablaban de hacer un viaje juntos. Lo soñaban, lo conversaban y siempre quedaba para más adelante. Hasta que un día decidieron dejar de pensarlo tanto y hacerlo.

“Decidimos no planificar demasiado. Fuimos armando la ruta sobre la marcha, viendo dónde dormir, qué lugares conocer y qué hacer cada día”, cuenta Jero.

En el camino también se encontraron con su prima y otra amiga, por lo que terminaron siendo cinco personas recorriendo Brasil, cada una en su propia moto.

Pero desde el comienzo había alguien más que tenía su lugar asegurado.

Raki.

Cuando hicieron el viaje, el perro tenía apenas seis o siete meses. Hoy ya cumplió un año. Y aunque podía parecer un desafío llevar a un cachorro durante tantos kilómetros, para Jero había algo que estaba claro desde el principio: Raki iba con él.

“Desde siempre fuimos muy compañeros y siempre me acompañó a todos lados, así que nunca pensé en dejarlo afuera de una aventura así”, cuenta.

Además, había una promesa detrás de todo.

“Cuando nació le prometí que íbamos a irnos de viaje juntos.”

Y así fue.

Una casa hecha especialmente para Raki

Raki ya conocía las motos. Desde cachorro acompañaba a Jero en una mochila, por lo que viajar sobre dos ruedas no era algo completamente nuevo para él.

Pero para un viaje de miles de kilómetros hacía falta pensar en algo diferente.

Jero decidió construirle una pequeña casa de madera que pudiera llevar sobre la moto.

Le llevó unos cuatro o cinco días hacerla y, para definir las medidas, primero buscó una forma sencilla de saber cuánto espacio necesitaba Raki.

“Usé una caja de cartón donde Raki se acostaba a dormir. De eso tomé las medidas y la hice un poco más grande porque sabía que iba a seguir creciendo en el camino.”

A partir de ahí fue agregando detalles para que el espacio fuera cómodo y también práctico para viajar.

Mandó a hacer un colchón a medida, incorporó elásticos para poder aprovechar mejor los espacios de guardado (algo fundamental cuando todo tiene que entrar en una moto) y sumó un toldo para proteger a Raki de la lluvia y del sol.

También tenía una pequeña puerta para que pudiera subir.

“Raki no es un perro ágil que pueda saltar hasta ahí”, cuenta entre risas.

Pero antes de salir hacia Brasil, Jero quiso asegurarse de que su compañero estuviera cómodo y pudiera acostumbrarse a ese nuevo lugar.

Hicieron recorridos más cortos y, cada vez que lo subía a la casita, le daba un premio.

“La idea era que lo relacionara con algo positivo.”

Después de esas primeras pruebas llegó el momento de salir de verdad.

De Alta Gracia a Brasil, con Raki como compañero

El viaje comenzó en Argentina y continuó hacia Brasil pasando por Corrientes y Paso de los Libres.

Una vez del otro lado de la frontera, fueron recorriendo la costa hasta llegar a Ilha Bela, en el estado de São Paulo.

Durante el viaje pasaron Navidad en Gramado, un lugar que en esa época del año se destaca por la decoración que llena sus calles, y recibieron el Año Nuevo en Florianópolis.

No todos los días fueron iguales. Hubo jornadas en las que recorrieron hasta 800 kilómetros y otras en las que eligieron ir más tranquilos.

“También queríamos disfrutar de los lugares y que no todo fuera solamente estar arriba de la moto”, explica Jero.

En total, hicieron alrededor de 6.000 kilómetros.

A la vuelta decidieron pasar por Misiones para conocer las Cataratas del Iguazú antes de regresar.

Raki también disfrutó el viaje

A lo largo de todo el recorrido, Raki se adaptó mucho mejor de lo que quizás cualquiera hubiera imaginado.

“Se portó espectacular durante todo el viaje. Se adaptó muchísimo a todo.”

Durante el día jugaba, conocía lugares nuevos y acompañaba a Jero y a sus amigos. Y después de tantas horas de movimiento, llegaba el momento de descansar.

“Como en el día se la pasaba jugando, llegaba completamente agotado y se metía en su casita a dormir.”

Así, aquella pequeña construcción de madera terminó convirtiéndose en mucho más que una forma de transportar a Raki.

Fue su lugar durante el viaje. Un espacio pensado para él, construido por su dueño antes de salir y que terminó acompañándolo durante miles de kilómetros.

Mucho más que kilómetros

Cuando Jero recuerda el viaje, no habla solamente de las distancias recorridas ni de la cantidad de lugares que conocieron.

Habla de las personas.

De las cascadas.

Del mar.

De jugar.

De encontrarse con gente que vive en esos lugares.

Y, sobre todo, de compartir.

“Nos quedan miles de experiencias. Fue un viaje muy de ir a conectar con la gente que vive allá, de conocer cascadas e ir a jugar al mar, de crear momentos con la gente que amamos.”

En definitiva, eso fue lo que terminó siendo aquel viaje que durante tanto tiempo había quedado en el terreno de los sueños entre amigos.

Cinco motos recorriendo Brasil. Unos 6.000 kilómetros. Lugares nuevos, encuentros, Navidad en Gramado, Año Nuevo en Florianópolis y el regreso por Misiones.

Y en una de esas motos, Raki.

El cachorro que había viajado primero en una mochila y que, para esta aventura, tuvo su propia casa de madera.

La misma casa que Jero construyó pensando en él.

Porque quizás la parte más linda de esta historia no sea que un perro haya llegado hasta Brasil en moto.

Sino que, cuando Jero imaginó aquel viaje, nunca pensó en hacerlo sin Raki.

Y cuando le preguntan qué significó todo lo vivido en una sola palabra, responde:

“Amistad.”