El IPEM 97 creó su propio ensamble de bombos legüeros con materiales reciclados

La iniciativa surgió hace tres años en las clases de Música y hoy reúne a estudiantes de quinto año de los turnos mañana y tarde. Bajo el nombre “Legüero 97”, el proyecto combina el folclore argentino con el trabajo en equipo, la creatividad y la construcción de valores.

La música folclórica argentina encontró una nueva forma de expresarse en las aulas del IPEM 97 de Alta Gracia. Allí, estudiantes de quinto año conformaron su propio ensamble de bombos legüeros, una propuesta que nació en las clases de Música y que hoy busca trascender las paredes de la escuela para compartir su producción con toda la comunidad.

En diálogo con Mi Valle, la profesora Carla Navarro contó cómo nació la iniciativa, que lleva el nombre de “Legüero 97”, en referencia a la institución educativa.

De la percusión corporal a los bombos reciclados

El proyecto comenzó hace aproximadamente tres años, cuando la docente empezó a trabajar con sus estudiantes sobre el ritmo y los géneros del folclore argentino. La experiencia se inició con juegos de percusión corporal, pero el entusiasmo de los jóvenes impulsó la idea de trasladar esos aprendizajes a instrumentos musicales.

Frente a la cantidad de alumnos que participan de las clases, surgió el desafío de conseguir los instrumentos necesarios. La solución fue tan creativa como sustentable: fabricar sus propios bombos con tachos de pintura de 20 litros y materiales reciclados.

Con cinta de embalaje y elementos utilizados para construir los parches, los estudiantes descubrieron que podían obtener una sonoridad adecuada para desarrollar sus interpretaciones. Así comenzó a tomar forma un proyecto que combina la exploración musical con la reutilización de materiales.

Mucho más que hacer música

Para Navarro, el valor de la propuesta va mucho más allá del aprendizaje de un instrumento. A través de los ensayos y la preparación de las presentaciones, los estudiantes trabajan sobre la cooperación, el respeto por los tiempos de los demás y el sentido de pertenencia.

La docente destacó especialmente el vínculo que los jóvenes construyen con sus instrumentos. Lo que al comienzo es un simple tacho se transforma, durante el proceso, en su propio bombo: cada estudiante lo decora, lo pinta y lo lleva a la escuela para ensayar.

En ese recorrido, el ensamble se convierte en una experiencia colectiva en la que cada integrante cumple un papel fundamental. El objetivo es que todos puedan comprender que el resultado musical depende del compromiso individual, pero también de la capacidad de escuchar y trabajar con los demás.

Más de 60 bombos en escena

Actualmente, el proyecto involucra a los tres quintos años en los que trabaja la profesora: uno del turno mañana y dos del turno tarde, que se organizan para conformar sus respectivos ensambles.

La iniciativa reúne a más de 60 bombos y ya cuenta con nuevas presentaciones en preparación. La intención es que los estudiantes puedan mostrar el resultado del trabajo realizado y compartir con el público la experiencia que construyen dentro de las aulas.

Además, el grupo desarrolla una propuesta conjunta con el espacio Crecer, dirigido por Gustavo Moriachini, con el que llevan adelante un proyecto compartido que amplía el alcance de la iniciativa.

Un proyecto que busca llegar a la comunidad

Aunque por el momento la propuesta está centrada en quinto año, Navarro manifestó su entusiasmo por seguir desarrollándola y generar nuevas oportunidades para que la comunidad conozca el trabajo de los estudiantes.

La experiencia del IPEM 97 demuestra cómo la educación artística puede convertirse en una herramienta para aprender, crear y fortalecer los vínculos. Con materiales reciclados, ritmos folclóricos y mucho trabajo colectivo, “Legüero 97” busca que la música sea una experiencia compartida y una forma de construir identidad dentro y fuera de la escuela.