Dos mujeres de Alta Gracia ganan espacio en la nueva conducción de la UCR

Lucía Allende y Abra “Chochi” Molina serán parte del nuevo esquema de poder del radicalismo cordobés. Dos dirigentes de Alta Gracia, dos recorridos diferentes y un dato que no pasa inadvertido: las mujeres comienzan a ocupar lugares cada vez más relevantes dentro de una estructura partidaria que durante años mostró, fundamentalmente, rostros masculinos.

La renovación de autoridades de la Unión Cívica Radical de Córdoba dejó una fotografía política particular para Alta Gracia. Dos mujeres de la ciudad tendrán participación en la nueva conducción provincial que encabezará Matías Gvozdenovich durante el período 2026-2028.

Abra “Chochi” Molina ocupará la vicepresidencia primera del Comité Provincia, uno de los cargos de mayor jerarquía de la estructura partidaria, mientras que Lucía Verónica Allende, actual concejal de Alta Gracia y presidenta del Foro Radical de Ediles, también tendrá un lugar dentro del nuevo armado.

No se trata solamente de dos nombres altagracienses en una extensa nómina provincial.

Hay detrás una fotografía diferente del radicalismo.

En una estructura política históricamente atravesada por liderazgos masculinos, la nueva composición muestra a mujeres ocupando espacios de conducción, decisión y representación que adquieren especial relevancia de cara al proceso político que desembocará en 2027.

Y Alta Gracia tendrá dos de ellas.

Molina, de un perfil bajo a la vicepresidencia primera

El caso de Abra Molina es quizás el que genera mayor contraste.

La dirigente, vinculada históricamente al espacio de Mario Negri, no ha tenido en los últimos años el mismo nivel de exposición pública local que otros referentes del radicalismo altagraciense con cargos electivos o una presencia cotidiana más fuerte en la discusión política de la ciudad.

Sin embargo, ahora pasa directamente a ocupar la vicepresidencia primera de la UCR de Córdoba, inmediatamente detrás del presidente partidario.

El cargo la instala formalmente en la primera línea de conducción del radicalismo provincial y significa un salto importante en términos de representación política.

De una presencia mucho más discreta en la escena local, Molina pasa a sentarse en una de las principales sillas de la mesa provincial.

Allende y una construcción que ya mira a 2027

El recorrido de Lucía Allende es diferente.

La concejal viene construyendo desde hace tiempo un perfil político mucho más expuesto. Desde su banca en el Concejo Deliberante ha mantenido una posición opositora al oficialismo municipal y, paralelamente, fue ganando participación dentro del esquema provincial del radicalismo hasta asumir la presidencia del Foro Radical de Ediles.

Pero hay otro dato que necesariamente atraviesa su incorporación a la nueva estructura partidaria: Allende ya expresó públicamente su intención de ser candidata a intendenta de Alta Gracia en 2027.

Por eso, su llegada a la conducción provincial difícilmente pueda analizarse solamente como un cargo partidario.

La concejal viene construyendo posicionamiento, relaciones provinciales y presencia pública en momentos en que comienza a abrirse, todavía lentamente, la discusión por las candidaturas municipales.

Y allí aparece también una paradoja.

Mientras Allende exteriorizó sus aspiraciones para 2027, el radicalismo de Alta Gracia continúa atravesado por diferentes sectores, liderazgos y proyectos personales. La reciente renovación de autoridades logró finalmente una lista de unidad y evitó una elección interna, pero el acuerdo llegó después de semanas de negociaciones y no elimina las diferencias políticas que existen hacia adentro.

Por eso, una cosa será compartir la conducción partidaria y otra, bastante diferente, será resolver quién encabezará electoralmente el espacio dentro de poco más de un año.

Una nueva foto para el radicalismo

La llegada de Molina y Allende también permite mirar un proceso más amplio.

Las mujeres dejaron hace tiempo de ocupar solamente lugares secundarios dentro de las estructuras partidarias y comienzan a disputar espacios desde los cuales se toman decisiones.

La nueva conducción radical cordobesa tiene varios ejemplos: intendentes, legisladoras, dirigentes partidarias y referentes territoriales forman parte de una mesa en la que la presencia femenina adquiere otra dimensión.

En Alta Gracia, esa transformación tiene nombres propios.

Molina ocupará la vicepresidencia primera del partido a nivel provincial. Allende suma estructura partidaria a una construcción política que ya reconoce aspiraciones electorales para 2027.

Dos mujeres, además, provenientes de recorridos y sectores diferentes del radicalismo.

Eso también rompe una postal que durante muchos años pareció inalterable: las principales discusiones, armados y candidaturas del partido estuvieron fundamentalmente protagonizadas por hombres.

Hoy la escena empieza a ser otra.

El tablero que viene

La nueva conducción provincial estará encabezada por Matías Gvozdenovich, actual jefe del bloque radical en la Legislatura, dentro de un esquema político fuertemente vinculado a Rodrigo de Loredo.

El armado combina intendentes, legisladores, exintendentes y referentes territoriales y llega después de una dura disputa por el control partidario.

Pero mientras Córdoba empieza a ordenar su tablero rumbo a 2027, Alta Gracia tendrá su propia discusión.

Porque detrás de los cargos partidarios se empieza a jugar otra partida: la construcción de candidaturas.

Y en ese escenario, Lucía Allende ya levantó la mano.

Quedará por ver cómo procesa el radicalismo local esa aspiración, qué otros nombres aparecen y hasta dónde alcanza el acuerdo interno conseguido recientemente cuando llegue el momento de discutir algo mucho más complejo que la conducción de un comité: quién quiere representar a la UCR en la pelea por la Intendencia de Alta Gracia en 2027.

Lo que ya cambió es la fotografía.

En la nueva etapa del radicalismo cordobés, las mujeres no aparecen solamente acompañando la mesa: empiezan a ocupar lugares desde donde también se define el juego.