Derrota aplastante en el kilómetro cero: el peronismo cordobés recuperó Marcos Juárez y la oposición quedó frente al espejo

No fue una derrota más. Ocurrió en Marcos Juárez, el lugar donde doce años atrás comenzó a gestarse Cambiemos y desde donde Mauricio Macri construyó uno de los símbolos políticos que terminarían llevándolo a la Presidencia. Allí, Germán Font ganó por más de 26 puntos, devolvió al peronismo una ciudad que no gobernaba desde hacía 53 años y dejó a la oposición cordobesa con una pregunta incómoda: ¿cómo pretende disputar la Provincia en 2027 si todavía no logra ordenar ni siquiera sus propias piezas?

Hay derrotas que se cuentan en votos y otras que, además, tienen un enorme peso simbólico. La de este domingo en Marcos Juárez pertenece claramente al segundo grupo.Germán Font consiguió el 46,09% de los votos y prácticamente pulverizó las expectativas de Pedro Dellarossa, que terminó con apenas el 19,99%. Más de 26 puntos de diferencia en una ciudad que durante años funcionó como una suerte de santuario político para el antiperonismo cordobés.

Y ocurrió justamente allí; en el denominado “kilómetro cero” de Cambiemos.En aquella Marcos Juárez de 2014 donde la alianza entre el PRO y la UCR ensayó una fórmula electoral que luego se proyectaría al país. Allí donde el triunfo de Dellarossa terminó convertido en plataforma para Mauricio Macri y donde aquella noche comenzaba a escucharse un grito que anticipaba lo que vendría: “Mauricio presidente”. Doce años después, el escenario parece dado vuelta.

El peso de una derrota que ni los grandes nombres pudieron evitar

Pedro Dellarossa no llegó solo a esta elección porque su candidatura recibió un decidido respaldo de dirigentes que fueron protagonistas centrales de aquel universo político que nació precisamente en Marcos Juárez. Luis Juez estuvo personalmente en la campaña; Mauricio Macri, Patricia Bullrich y María Eugenia Vidal enviaron mensajes de apoyo. También hubo acompañamiento de dirigentes provinciales del PRO y del Frente Cívico.

Dellarossa, incluso, dejó atrás sobre el final buena parte de la estrategia municipalista para volver a abrazarse a los nombres fuertes del viejo Juntos por el Cambio. No alcanzó y no estuvo cerca.  Esa quizá sea una de las fotografías más duras que deja la elección.

Porque una cosa es perder por poco. Otra muy diferente es convocar a buena parte de la artillería política disponible y terminar 26 puntos detrás del ganador en el mismo territorio que alguna vez fue presentado como el punto de partida de una transformación nacional. El kilómetro cero chocó contra su propia historia.

Una oposición partida en demasiados pedazos

Pero reducir la derrota a Dellarossa también sería demasiado cómodo. Marcos Juárez mostró crudamente uno de los principales problemas que tiene hoy la oposición cordobesa: todos quieren conducirla, pero todavía nadie consiguió ordenarla. Juez jugó con Dellarossa. Sectores radicales aparecieron vinculados a otras alternativas. La Libertad Avanza directamente no logró construir una propuesta propia competitiva y terminó fuera de la elección con su sello. Mientras tanto, Rodrigo de Loredo, Luis Juez y Gabriel Bornoroni continúan orbitando alrededor de una misma discusión: quién debe encabezar una eventual coalición para enfrentar a Martín Llaryora.

Y allí aparece Rodrigo de Loredo. El radical viene insistiendo en la necesidad de ordenar una alternativa opositora y ya mantuvo conversaciones con Juez pensando en repetir hacia 2027 una construcción conjunta. Hasta ahora, sin embargo, las ambiciones individuales, las internas partidarias y el papel que jugará La Libertad Avanza siguen postergando cualquier síntesis. Después de Marcos Juárez, ese llamado a organizar la oposición ya no suena solamente a estrategia electoral, suena a urgencia. Mientras el peronismo cordobés amplía, incorpora y prueba nuevas figuras, enfrente siguen discutiendo quién encabeza una alianza que todavía ni siquiera existe. Y las elecciones, a diferencia de las mesas de negociación, no esperan.

La otra postal: juventud, renovación y una apuesta que salió bien

En la vereda opuesta ocurrió algo completamente diferente. El cordobesismo apostó por Germán Font, un dirigente de apenas 36 años, ingeniero agrónomo, con trayectoria en el cooperativismo agropecuario y experiencia en la gestión provincial. Fue director nacional de Juventud de Federación Agraria y ocupó cargos vinculados al desarrollo productivo dentro del Gobierno de Córdoba. Esto, no es un dato menor.

En uno de los territorios históricamente más difíciles para el PJ, el peronismo cordobés no fue a buscar refugio en una figura tradicional ni intentó reconstruir una vieja estructura. Apostó a una generación nueva y entendió algo más: para conquistar Marcos Juárez probablemente no alcanzaba con poner el sello partidario sobre la mesa.

Font compitió desde Generación Marcos Juárez, una construcción local integrada por fuerzas vinculadas al cordobesismo, pero con una identidad propia, amplitud y un mensaje deliberadamente alejado de las viejas fronteras partidarias. El propio candidato reconoció durante la campaña su vinculación con el espacio provincial.

La estrategia funcionó y funcionó de manera contundente.

Recuperar un eslabón que durante décadas parecía imposible

Para el peronismo cordobés, Marcos Juárez no es solamente una intendencia más en el mapa; es una ciudad central en el corazón productivo del sudeste provincial, una región históricamente compleja para el justicialismo y con un enorme valor político por lo que representó durante la última década.

El peronismo no gobernaba la ciudad desde 1973 y pudo volver cincuenta y tres años después. Además lo hizo con un dirigente joven, con una diferencia electoral aplastante y en el mismo lugar que durante años fue utilizado por sus adversarios como demostración de que el PJ podía ser derrotado incluso en Córdoba. Por eso sería ingenuo pensar que en El Panal no tomarán nota.

Martín Llaryora fue rápido: felicitó a Font y lo convocó inmediatamente a Casa de Gobierno para comenzar a trabajar sobre los proyectos para Marcos Juárez. Daniel Passerini habló directamente de un “triunfo histórico” y Juan Schiaretti también se sumó a las felicitaciones. El mensaje hacia adentro resulta evidente.

El cordobesismo consiguió recuperar un eslabón territorial que durante décadas parecía inaccesible y, al mismo tiempo, encontró una fórmula que seguramente observará con atención pensando en lo que viene: renovación generacional, candidatos con fuerte identidad local y una coalición capaz de ensanchar sus límites más allá del PJ tradicional.

Marcos Juárez no define 2027, pero deja una advertencia enorme

Naturalmente, sería un error afirmar que una elección municipal anticipa automáticamente quién gobernará Córdoba en 2027. Claramente, no lo hace. Marcos Juárez eligió intendente, hubo una fuerte lógica local y la participación rondó apenas el 62/63% del padrón. Pero sería igualmente ingenuo pretender que aquí no pasó nada. Pasó.

El peronismo recuperó después de 53 años uno de los municipios más adversos de Córdoba. Un dirigente de 36 años derrotó por más de 26 puntos al hombre que había encabezado el nacimiento del kilómetro cero de Cambiemos. Y lo hizo pese al respaldo que Dellarossa recibió de algunas de las figuras más importantes de la oposición.

Eso no define 2027, pero cambia el clima. Mientras Llaryora puede mostrar que su espacio todavía tiene capacidad para ensanchar fronteras y penetrar en territorios que alguna vez parecieron inexpugnables, la oposición vuelve de Marcos Juárez con más interrogantes que certezas. Tiene dirigentes, tiene votos, tiene figuras nacionales y tiene aspirantes a gobernador. Lo que todavía no tiene es una conducción común ni una estrategia capaz de transformar toda esa fragmentación en una alternativa política. Y quizás esa sea la verdadera noticia que dejó Marcos Juárez.

Doce años después de haber sido el lugar desde donde comenzó a construirse una oposición que llegó a la Presidencia de la Nación, el kilómetro cero acaba de enviar el mensaje exactamente contrario: separados, los nombres propios ya no alcanzan. Mientras unos todavía discuten cómo organizarse, el peronismo cordobés acaba de recuperar una pieza que durante más de medio siglo estuvo fuera de su alcance.

Y en política… a veces, los símbolos pesan casi tanto como los votos.