_Es bombero voluntario de Villas Ciudad de América y pasó casi seis meses combatiendo incendios forestales en Estados Unidos. Estuvo en Arizona, Oregón y Washington, participó en operativos con más de mil bomberos, enfrentó jornadas de hasta 17 horas y vivió situaciones extremas que nunca había experimentado en Córdoba. En una entrevista con Mi Valle Medios, Nahuel relató cómo fue esta experiencia, las diferencias entre ambos países y los aprendizajes que le dejó._
De una pequeña localidad del Valle de Paravachasca a los enormes bosques de Estados Unidos, donde los incendios pueden extenderse durante semanas y movilizar a miles de personas.
Ese fue el recorrido de Nahuel, bombero voluntario de Villas Ciudad de América, quien a mediados de abril emprendió una experiencia profesional que lo llevó a integrar distintas brigadas forestales estadounidenses hasta octubre.
Su primer destino fue Phoenix, Arizona. Posteriormente se trasladó hacia el norte, donde combatió incendios en Oregón y Washington. Entre los operativos en los que participó estuvo el denominado Grasshopper Fire, cerca del monte Hood, en Oregón.
Capacitaciones, pruebas físicas, extensas jornadas de trabajo, incendios de enorme magnitud y decisiones que podían significar la diferencia entre estar a salvo o quedar atrapado por el fuego fueron parte de su experiencia.
En diálogo con Mi Valle Medios, contó cómo se vive desde adentro una temporada de incendios forestales en Estados Unidos.
—Nahuel, ¿esta fue la primera vez que intentaste viajar a Estados Unidos para trabajar como bombero forestal o ya venías buscando esta oportunidad? ¿Cómo fueron tus comienzos a los 17 años?
—No, ya lo había intentado antes. Mi primera experiencia fue a los 17 años…es un sueño de toda la vida. Al primer lugar que llegué fue a Phoenix, Arizona. Esa fue mi primera brigada, con la que iba a hacer temporada. Después nos movimos dos jefes de cuadrilla de esa brigada hacia el norte y estuvimos en incendios de Oregón y Washington, sumando esfuerzos en brigadas diferentes. Todo el viaje fue desde mediados de abril hasta octubre. Cuando llegué hice más de ocho capacitaciones, pruebas físicas y también dicté cursos al resto de la brigada. Hay toda una preparación antes de que comience la temporada de incendios.
—¿Cómo es trabajar en incendios de semejante magnitud? ¿Cuántas horas puede estar un bombero enfrentando el fuego?
—A mí me encantó. Es fabuloso, pero también es muy agreste y muy duro. El trabajo de campo es durísimo. Cada vez que éramos desplegados, nos íbamos 16 días. Son dos días de viaje y 14 días de trabajo. En esos 14 días, como mínimo trabajás 14 horas por jornada. Y depende mucho de la actividad que tenga el incendio. Si hay poblaciones o puntos de interés en riesgo, se trabaja más. Hemos llegado a trabajar 17 horas en un día.
Después volvés al campamento, cenás, dormís y al otro día empezás de nuevo. No hay ningún tipo de contemplación por haber trabajado tantas horas. Los 14 días son de corrido y hay que trabajarlos.
—¿Cómo descansan y cómo se organiza la vida cotidiana durante esos operativos?
—Se descansa en un campamento. Cada uno lleva sus elementos de camping, sus cosas para acampar. Es bastante tranquilo y está todo muy bien organizado. Hay diferentes lugares para desayunar y cenar. El almuerzo se hace directamente en el incendio, porque llevamos una vianda.
En los campamentos hay duchas, baños y también un lugar de abastecimiento, como una especie de almacén de suplementos. Si se rompe algo del equipo, te lo pueden prestar o te lo dan.Está todo preparado para poder sostener el trabajo durante muchos días.
—¿Cuál fue el mayor peligro que enfrentaste? ¿Hubo alguna situación que te haya marcado particularmente?
—Uno de los mayores riesgos que pude identificar fue la caída de objetos, principalmente árboles. Son árboles muy grandes y eso era algo que constantemente estaba presente. Para mí fue el principal riesgo. De hecho, durante uno de los últimos incendios, cuando estábamos cerca de Canadá, nos evacuaron porque había vientos muy fuertes y los árboles se caían como si nada. No solamente los árboles quemados, sino también los verdes. Eso fue algo que nunca había visto en mi carrera como bombero.
—En una situación así, ¿sentiste miedo? ¿Llegaste a pensar que todo podía salirse de control?
—Miedo, por ahí no, en ningún momento. Pero sí tenía presente que la situación se podía salir de control. Son incendios que generan mucha energía y tienen muchísimo combustible disponible. Nosotros trabajamos con puntos y zonas de seguridad. El problema es que, en esos incendios, la zona de seguridad podía estar a una hora, más o menos 50 minutos, de donde estábamos trabajando. Entonces, si ocurría algo, teníamos que salir caminando hasta las camionetas, subirnos y hacer toda la ruta de escape.Llegar a una zona segura podía llevarnos unos 50 minutos.Eso también te hace entender la magnitud de los incendios en los que estás trabajando y la importancia de planificar cada movimiento.
—Hablás de incendios enormes. ¿Qué diferencia encontraste con los operativos que conocemos en Córdoba?
—La principal diferencia que pude observar fue la magnitud de los incendios. A los incendios que me tocó ir realmente eran grandes incidentes. No eran incendios pequeños, eran gigantes.En cada incendio éramos más de mil bomberos trabajando.
Son incendios que se gestionan sabiendo que van a durar muchísimos días y semanas. Por eso la gestión es impresionante.El comando de incidentes es una cosa muy buena, de la que aprendí muchísimo. Cómo hacen las reuniones, cómo delegan las tareas y cómo sostienen toda esa organización durante tantos días.
Nosotros también utilizamos esas herramientas, pero ellos las usan a otro nivel. Creo que esa es una de las principales diferencias que encontré.
—¿Y qué cambia concretamente en la manera de combatir el fuego? ¿Trabajan igual que los bomberos cordobeses?
—No, la manera de combatir incendios también es un poco diferente.En Córdoba hacemos mucho combate directo. Vamos directamente hacia las llamas, utilizando nuestras técnicas y toda nuestra formación. En Estados Unidos, por lo menos en estos grandes incendios en los que estuve, se planifica todo con distancia. Es un ataque totalmente indirecto. Se establece una primera barrera, después una segunda y una tercera, y se va trabajando a distancia, gestionando el combustible y el paisaje.En lugar de actuar directamente sobre el fuego, se trabaja para controlar su avance desde otros sectores.Por el tipo y la cantidad de combustible que tienen esos bosques, acercarse directamente a las llamas puede ser demasiado peligroso.
—¿Cómo es la preparación física y profesional que necesitan para trabajar en esas condiciones?
—Uno tiene que estar entrenado y tener un buen estado físico para caminar y trabajar con peso. Todos los años, para iniciar la temporada, hay que rendir un pack test, que es una prueba física en la que el brigadista tiene que recorrer una determinada distancia transportando peso. Si completás la prueba en menos de 45 minutos, obtenés la certificación física correspondiente a esa temporada. Eso garantiza que el bombero está apto, por lo menos físicamente, para trabajar. Además, se hace un repaso teórico de aproximadamente nueve horas, donde se revisan todos los lineamientos de seguridad y atrapamiento.
—¿Qué diferencias encontraste en la formación entre un bombero estadounidense y uno argentino?
—En cuanto a la formación, los bomberos básicos allá reciben una preparación inicial mucho más rápida que en Argentina. En Argentina, los bomberos voluntarios tienen una formación muy exhaustiva. Por lo menos en nuestra institución, para llegar a ser bombero voluntario se tarda más de un año y medio.Allá, para un bombero básico forestal que recién arranca, hay cursos iniciales de cuatro o cinco días. Entonces es bastante diferente.
—¿Y en cuanto al equipamiento? ¿Tienen elementos muy distintos de los que utilizan ustedes en Córdoba?
—El equipamiento es bastante similar al que tenemos acá, pero ellos tienen muchísimo. Tienen una disponibilidad enorme de equipamiento. Se puede pedir lo que se necesite.Esa es una diferencia importante, porque cuentan con una estructura de recursos y abastecimiento muy grande.
—Después de esta experiencia, ¿qué es lo que más destacás del sistema estadounidense y qué aprendizaje podría servir para nuestros bomberos?
—Una de las cosas que más destaco es la gestión de los incidentes.La organización que tienen para trabajar con más de mil bomberos, durante tantos días, es impresionante.Aprendí mucho sobre los comandos de incidentes, las reuniones, la distribución de las tareas y la manera en que sostienen esas estructuras durante semanas. Nosotros también usamos esos sistemas, pero allá los llevan a otro nivel.
También me llamó mucho la atención la planificación de los incendios, el trabajo a distancia y la manera en que gestionan el combustible y el terreno.Es otra forma de trabajar, especialmente por la magnitud de los incendios que enfrentan.
Una experiencia que trasciende las fronteras
La historia de Nahuel tiene algo que va mucho más allá de un viaj. Es la experiencia de un bombero voluntario de una pequeña localidad cordobesa que pudo integrarse a brigadas internacionales, participar en operativos de enorme complejidad y conocer desde adentro otra manera de enfrentar una de las emergencias ambientales más difíciles.
Durante casi seis meses convivió con brigadistas de otras regiones, enfrentó jornadas extenuantes, aprendió nuevas técnicas y vivió situaciones de riesgo que, según sus propias palabras, nunca había experimentado a lo largo de su carrera.
Su recorrido también permite reconocer el nivel de preparación de los bomberos voluntarios de Córdoba y poner en valor la importancia de la capacitación permanente, el intercambio de experiencias y la planificación frente a incendios cada vez más complejos.
De Villas Ciudad de América a los bosques de Arizona, Oregón y Washington, Nahuel fue parte de una experiencia que amplió sus conocimientos y le permitió llevar la formación de su cuartel a un escenario de escala internacional.
