“Alta Gracia me hizo sentir padre de un montón de hijos”: la emotiva despedida del padre Marcos Cabrera

 

Tras 16 años de servicio pastoral en Alta Gracia, el padre Marcos Cabrera se prepara para iniciar una nueva etapa de su ministerio en Unquillo. Antes de partir, compartió con Mi Valle sus sentimientos, los recuerdos que deja en la ciudad y el profundo vínculo construido con la comunidad a lo largo de los años.

“En nuestra vida de cura siempre hay despedidas y llegadas”, expresó al comenzar la entrevista, reconociendo que estos días están atravesados por emociones encontradas.

“Obviamente da tristeza dejar un lugar, dejar a tanta gente querida, dejar una comunidad. Pero intento que esa tristeza no me estreche el corazón, sino también poder ver toda la cosecha de estos años”, reflexionó.

Mientras recorre las calles de la ciudad, las muestras de cariño se multiplican.

“Recién venía caminando y mucha gente se frena, saluda, se acerca. Eso habla de todo lo compartido durante este tiempo”, comentó.

Durante su paso por Alta Gracia, primero en la parroquia Nuestra Señora de Fátima y luego en La Merced, el sacerdote acompañó innumerables momentos de la vida de los vecinos.

“Después de tantos años veo cuánta vida compartida hubo. La fe acompaña los momentos más importantes: los bautismos, matrimonios, personas enfermas, despedidas de seres queridos. Hay chicos que hoy tienen 20 años y me dicen: ‘Vos me bautizaste’. Otros recuerdan que estuve cuando falleció un familiar. Eso es haber acompañado la vida desde la fe, que es lo único que sé hacer”, expresó.

Más allá de su rol religioso, Cabrera destacó los vínculos personales que construyó con la comunidad.

“Realmente hice mucho vínculo, mucha amistad. Alta Gracia me hizo sentir familia, me hizo sentir padre de un montón de hijos. Eso es algo que voy a agradecer siempre”, afirmó con emoción.

Aunque el cambio implica dejar atrás una etapa muy importante, reconoció que saber que continuará su misión en una localidad serrana cercana representa un gran consuelo.

“Me voy a Unquillo, seguimos en las sierras, con una vida de pueblo. Eso ayuda mucho. Además, estamos cerquita, así que seguramente voy a volver más de una vez”, señaló entre sonrisas.

Finalmente, recordó que la disponibilidad forma parte de la esencia del sacerdocio.

“Es nuestra vida de cura. Estar disponibles para lo que Dios, a través del obispo, necesite. Ahí iremos donde nos envíen”, concluyó.