En apenas unas cuadras de Alta Gracia, una pollería, un complejo de canchas y el local Dellicatesen denunciaron robos, daños y pérdidas. Las víctimas creen que las cámaras podrían mostrar a una misma persona, una hipótesis que deberá ser determinada por la investigación. Mientras tanto, reclaman patrullajes nocturnos y respuestas concretas.
La calle Butori atraviesa días de preocupación, impotencia y miedo. En un sector comercial ubicado a pocas cuadras de la Terminal de Ómnibus y del Santuario de la Virgen de Lourdes, distintos emprendedores denunciaron una seguidilla de robos e ingresos durante las últimas semanas.
En algunos casos, los comerciantes aseguran que las imágenes registradas por cámaras de seguridad permitirían vincular los episodios a una misma persona. Esa hipótesis surge de los testimonios de las víctimas y deberá ser confirmada en el marco de la investigación correspondiente.
Uno de los hechos más recientes afectó a una pollería de la zona. Según relataron sus responsables, las cámaras registraron movimientos desde las 3.57 de la madrugada y el robo se habría extendido hasta alrededor de las 4.30.
Los autores forzaron el ingreso, dañaron la puerta de vidrio, el freezer y una reja del baño. Se llevaron mercadería, productos congelados, una balanza digital, una netbook y un router de internet.
Además del daño material, el hecho dejó una consecuencia directa sobre la actividad diaria: al romperse el freezer, tuvieron que retirar parte de la mercadería que estaba almacenada.
“Me da miedo, me da impotencia y me da bronca. Uno trabaja para que venga alguien y te arruine”, expresó una comerciante del sector, al graficar el sentimiento que atraviesa a quienes viven de sus pequeños emprendimientos.
A pocos metros de allí, un complejo de canchas y quinchos ubicado en la esquina de Butori y García sufrió dos ingresos en menos de 24 horas. Norma, responsable del lugar, contó que durante la madrugada rompieron un alambre lateral, ingresaron al predio, barretearon una puerta y se llevaron bebidas, dinero en efectivo y otros elementos.
Según explicó, las cámaras mostraron que la persona regresó horas después para volver a sustraer mercadería. La noche siguiente, el mismo individuo habría ingresado nuevamente al lugar.
“En 23 horas y media tuvimos dos robos. No se puede vivir más así”, lamentó Norma, quien aseguró que debió volver a invertir en puertas, cerraduras, alambrado, cámaras y sistemas de alarma para intentar proteger el emprendimiento.
La situación no sería nueva en el corredor comercial. En el local Dellicatesen, ubicado también en el sector, denunciaron que fueron robados alrededor de quince días atrás, cuando el negocio llevaba apenas un mes de funcionamiento.
Del lugar se llevaron un televisor, una balanza, delantales y cerca de 50 mil pesos que tenían para cambio. También forzaron la puerta e intentaron llevarse una máquina de moler, aunque no pudieron hacerlo debido a su peso.
Después del robo, los responsables colocaron cámaras y rejas. Incluso, durante varias noches, uno de ellos se quedó a dormir dentro del comercio por temor a que volvieran a ingresar.
“Todos los días roban. Si no es acá al lado, es en la esquina o en una casa. Todo el mundo que viene se queja de lo mismo”, señalaron.
Gaby, comerciante de Butori desde hace tres años, también aportó un antecedente ocurrido el año pasado, cuando un joven intentó llevarse una garrafa del local durante la madrugada. Aunque en aquella oportunidad lograron advertir la maniobra y llamar a la Policía, aseguró que la actual seguidilla la mantiene en alerta.
“Nosotros empezamos vendiendo tres aceites y tres azúcares. Sabemos lo que cuesta pagar un alquiler, los impuestos, las deudas y sostener un comercio. Que te roben una balanza es como que te corten las manos: no podés pesar, no podés vender”, sostuvo emocionada.
Los comerciantes coinciden en que la seguridad no puede depender solamente de cámaras, rejas, alarmas o de que los propios dueños deban pasar la noche en los locales. El reclamo apunta a reforzar los patrullajes durante la madrugada, cuando los negocios quedan cerrados y el movimiento en la zona disminuye.
También evalúan conformar una comisión de comerciantes y vecinos para elevar un pedido conjunto ante las autoridades policiales y municipales.
“Uno trabaja todos los días, vuelve a invertir después de cada robo y al otro día tiene que abrir igual. Pero no se puede esperar a que un comercio sea robado dos, tres o cuatro veces para recién tener una respuesta”, resumieron.
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