Mientras la inteligencia artificial avanza, el mundo laboral cambia y los estudiantes viven atravesados por nuevas formas de comunicarse, aprender y vincularse, la educación vuelve a quedar en el centro de una pregunta incómoda: ¿alcanza con seguir enseñando como siempre?Esa es una de las discusiones que el educador Pedro Spinetti viene impulsando desde Alta Gracia y que en las últimas semanas comenzó a tomar mayor visibilidad pública. Primero a través de los medios locales, que vienen siguiendo el tema desde hace tiempo, y ahora también con la repercusión de medios nacionales que se hicieron eco de una propuesta que ya empieza a instalarse como tema de agenda.
A través de Escuela para la Resiliencia, su primer libro, se planteó una fundamentación teórica que analizó la historia de la humanidad, la evolución del aprendizaje y el desfasaje que existe entre una pedagogía nacida en el siglo XIX, docentes formados bajo esa lógica y alumnos que ya pertenecen plenamente al siglo XXI. El paso siguiente fue La Matriz Resiliente, la propuesta que presentó luego y que busca responder a una pregunta concreta que muchos docentes le planteaban: “Estamos de acuerdo con el diagnóstico, pero ¿cómo lo llevamos al aula?”. Ahí aparece el corazón de su trabajo actual.
La Matriz Resiliente no es una reforma educativa, ni un método cerrado, ni una intención de cambiar todo desde cero. Es una herramienta didáctica pensada para ayudar a que los contenidos y la currícula que definan los ministerios puedan llegar mejor al aula. Spinetti lo plantea con claridad: muchas veces se producen contenidos, programas y lineamientos valiosos, pero el problema aparece cuando esos materiales se intentan aplicar con las mismas herramientas de enseñanza tradicionales. No por mala voluntad de los docentes, sino porque fueron formados en otro paradigma y muchas veces no cuentan con instrumentos didácticos adecuados para este tiempo.
La Matriz Resiliente busca ser, justamente, una tierra abonada para que esos contenidos puedan trabajarse de otra manera: con estudiantes más activos, docentes que guíen procesos, resolución de problemas, trabajo en equipo, pensamiento crítico, emociones, tecnología e inteligencia artificial como parte del escenario real en el que hoy viven los chicos.La propuesta no pretende reemplazar materias, desconocer currículas ni pasar por encima de las políticas educativas oficiales. Al contrario: busca convertirse en una herramienta útil para que lo que se defina desde el Estado pueda aplicarse mejor en las aulas. Y ahí aparece el otro punto central que Spinetti quiere poner sobre la mesa: la educación no puede depender del humor político de cada gestión.
Por eso plantea que Córdoba necesita una gran convocatoria democrática, impulsada desde el Ministerio de Educación, para sentar en una misma mesa a las distintas posiciones polìticas para llegar a un acuerdo inicial, y luego avanzar hacia una gran comisión donde participen legisladores, docentes, directivos, estudiantes, universidades, empresarios y todos los actores vinculados al sistema educativo.
La idea no es que nadie imponga una mirada, tampoco que un gobierno redacte solo una política que el próximo gobierno pueda desarmar. El objetivo es construir un consenso educativo amplio, serio y sostenido en el tiempo. Una especie de gran pacto cordobés por la educación, inspirado en el espíritu de acuerdos históricos como el Pacto de la Moncloa, pero adaptado a la realidad provincial. Un espacio donde se definan los puntos estratégicos que Córdoba debería sostener más allá de quién gobierne. Qué enseñar, cómo enseñar, con qué herramientas, qué lugar tendrán la tecnología, las emociones, la inteligencia artificial, la formación docente y las habilidades que necesitarán los estudiantes en los próximos años. Todo eso debería formar parte de una discusión grande, plural y con mirada de futuro.
Para Spinetti, este proceso debería encontrar su camino institucional, con el aporte de cada fuerza política y el tratamiento correspondiente en comisión. De esa manera, la educación podría dejar de estar atada a cambios permanentes cada vez que cambia un ministro o un gobierno. El planteo es simple y profundo: un estudiante pasa muchos años dentro del sistema educativo. En ese tiempo pueden cambiar gestiones, funcionarios, programas y prioridades. Pero los chicos no pueden quedar atrapados en una lógica donde cada administración borra lo anterior y empieza de nuevo.Los docentes tampoco. Porque son ellos quienes, muchas veces, terminan adaptándose una y otra vez a nuevos enfoques, nuevos discursos y nuevas exigencias, mientras en el aula siguen enfrentando los mismos desafíos de fondo.
Por eso el escritor insiste en que la educación debe convertirse en una cruzada común. Una causa que obligue a la politica a mirar más allá de la coyuntura y a ponerse de acuerdo en lo esencial. En ese camino, valora algunos avances que se vienen dando, especialmente en materia tecnológica, pero advierte que todavía falta incorporar con más fuerza otros aspectos centrales, como el trabajo con las emociones, la motivación, la creatividad, la resiliencia y las nuevas formas de aprendizaje.
La repercusión que tuvo esto en medios nacionales como TN, no hizo más que confirmar que el tema dejó de ser una conversación entre especialistas. La pregunta sobre cómo se enseña y cómo aprenden los chicos ya forma parte de una agenda mucho más amplia. Lo que durante años fue presentado y acompañado desde medios locales, con declaraciones de interés legislativo, reconocimientos en Alta Gracia y experiencias concretas en distintas escuelas, hoy empieza a tomar otra dimensión. No porque sea una moda, sino porque toca una preocupación real: el mundo cambió y la escuela necesita herramientas para acompañar ese cambio. La Matriz Resiliente aparece en ese escenario como una propuesta concreta. No como una receta mágica, sino como una herramienta didáctica que busca ayudar a los docentes a transformar el aula sin negar lo existente. Y el acuerdo político que propone Spinetti aparece como el otro gran desafío: lograr que todos los partidos entiendan que la educación no puede seguir siendo un territorio de disputa permanente, sino una política de Estado. Discutir educación no es discutir sólo programas, materias o métodos. Es discutir qué provincia se quiere construir, qué oportunidades tendrán los chicos y qué herramientas van a recibir para enfrentar el mundo que ya llegó. La pregunta queda abierta, pero cada vez pesa más:¿Estamos educando para el futuro o para un mundo que ya no existe?.
Cabe destar que Pedro Spinetti trabaja junto a un equipo con el que viene aplicando esta metodología en distintos espacios. Junto a el se encuetran los docentes Isabel Pradas y Héctor Montero, motores junto a el de este movimiento que crece exponencialmente.
