El narcisismo como herramienta de campaña (¿y de gestión?)

Sorpresa y bastante disconformidad generó el discurso del intendente de la ciudad de Córdoba, Martín Llaryora en su visita a Alta Gracia. Quienes lo conocen de su paso por la intendencia de San Francisco o en su figura de concejal, advierten que está atravesando un cambio de postura (o de discurso) cuando menos, preocupante.

“Yo, yo…es insoportable con su autobombo”, dijeron algunos tras sus palabras que sin dudas marcan un camino narcisista que no se condice al rol que debería adoptar si quiere ser el próximo gobernador; sobre todo, si se tiene en cuenta la intención de cambio que hay en el electorado cordobés.

Un estudio reciente advirtió que las dos facetas que se integran en el narcisismo son la búsqueda de admiración y la rivalidad. Ambos sirven para mantener una imagen positiva de uno mismo y caminar hacia el objetivo sin importar, casi, qué o quienes deben quedar en el camino para lograrlo. Esta postura no solo se está viendo en Llaryora, también se viene percibiendo en toda una “nueva generación de políticos” que mantienen un discurso marcadamente contradictorio. Por un lado quiebran el diálogo y son absolutistas con su pensamiento, y por otro, advierten que los nuevos políticos van “a terminar con la grieta”.

“Cuando yo sea gobernador…” dijo Llaryora, en un postura de ninguneo al electorado y de autopronunciamiento, y hasta habló de De la Sota y Schiaretti como parte del pasado, no con respeto al camino recorrido y como continuidad de obra (tal cual si lo hizo Manuel Calvo en el mismo acto, por ejemplo) sino como algo que se debe sortear para un “futuro mejor”.

La línea narcisista en la política del país y el mundo ha sido archi-estudiada desde distintos ángulos… filosófica, psicológica, política, entre otras; es decir, que no hay nuevo bajo el sol, aunque lo que si preocupa es que esto forme parte de una tendencia de la “nueva política”. ¿Por qué? Sin especulaciones, la misma ciencia es la encargada de responder: “Todos los dirigentes narcisistas anteponen sus deseos a las necesidades de las organizaciones que dirigen y la ausencia de ética en la actividad política se convierte en norma”, advierte Watts y colaboradores.

La duda, dice el texto, sobre a quién votar en periodos de crisis no es tarea fácil. Los expertos en liderazgo, como Chamorro-Premuzic , sostienen que “antes de decidir el voto, los ciudadanos deberán analizar la competencia y la sensación de seguridad del líder por el que hayan mostrado simpatía. Por competencia se entiende “lo que uno sabe hacer”, mientras que por autoconfianza, “lo que uno dice que sabe hacer”; un trabajometiculoso que deberán tener los votantes  en este 2023 colmado de fechas electorales.

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