El Manuel de Falla volvió a hacer historia en la Copa Robótica: estudiantes de Alta Gracia llegaron a las semifinales provinciales

 

El Instituto Superior Manuel de Falla de Alta Gracia volvió a destacarse en la Copa Robótica Provincial, una competencia que reunió a cientos de instituciones y estudiantes de distintos puntos de Córdoba. La participación no solo dejó resultados destacados para la institución, sino también una experiencia de aprendizaje, trabajo en equipo y crecimiento que sus protagonistas valoraron incluso más allá de la competencia.

Este fue el segundo año consecutivo en el que el establecimiento participa de la Copa Robótica y, en esta edición, presentó tres equipos que atravesaron distintas instancias de selección hasta llegar a una de las etapas más importantes del certamen.

Dos de ellos, Vector Falla y Eukaryotas, lograron ubicarse entre los grupos seleccionados para disputar las semifinales provinciales, quedando entre los mejores proyectos de una competencia que comenzó con una participación mucho más amplia.

Detrás de cada equipo hubo meses de preparación y acompañamiento docente. Los profesores mentores trabajaron junto a los estudiantes desde años anteriores, acompañando el proceso de aprendizaje y ayudándolos a desarrollar sus proyectos, aunque destacaron que el mérito principal corresponde a los propios alumnos.

“Yo los tuve en tercero, cuarto y quinto, y entre ellos van surgiendo los que más se preocupan, los que más estudian. Se forman los grupos y surgen estas exposiciones y concursos”, explicó uno de los docentes.

Para los estudiantes, la Copa Robótica fue mucho más que construir y programar un robot. Las primeras etapas también implicaron desarrollar propuestas frente a problemáticas ambientales, realizar trabajos de escritura, creatividad, guion y producción audiovisual.

Dos proyectos que llegaron lejos

El equipo Vector Falla, integrado por estudiantes de séptimo año, desarrolló un robot preparado para una competencia en una arena. El dispositivo debía mover cajas para activar una torre que liberaba pelotas y luego trasladarlas hacia zonas de puntuación. La dinámica también requería trabajar en alianza con otros equipos para alcanzar el mayor puntaje posible.

El nombre del proyecto nació, además, de una experiencia previa de los estudiantes en la radio del colegio, Radio Atlantis, donde habían formado un grupo llamado Radio Vector.

Por su parte, Eukaryotas eligió su nombre inspirado en las células eucariotas, tomando como referencia su capacidad de desarrollar múltiples funciones. Para sus integrantes, esa característica representaba también la manera en que trabajaron durante la competencia: combinando robótica, creatividad, organización, coordinación y trabajo en equipo.

Uno de los estudiantes resumió la experiencia desde otro lugar: poder llevar a la práctica conocimientos que muchas veces se aprenden de manera abstracta en el aula y enfrentarse a problemas técnicos bajo presión.

“Para mí te deja mucho más que, por ejemplo, haber ganado”, expresó.

Una competencia que también construye comunidad

Uno de los aspectos que más destacaron los estudiantes fue el vínculo generado con jóvenes de otras instituciones.

Aunque la competencia planteaba desafíos entre equipos, también se generó un fuerte espíritu de colaboración. Los propios estudiantes contaron que, durante la jornada, podían recurrir a participantes de otros colegios para pedir herramientas o materiales y recibían ayuda de inmediato.

También las alianzas dentro de las competencias obligaban a colaborar con otros grupos para conseguir mejores resultados.

“Estamos compitiendo, pero al mismo tiempo no estamos compitiendo entre los colegios”, explicó uno de los alumnos, quien destacó que se fue construyendo una verdadera comunidad entre quienes compartían el interés por la tecnología y la robótica.

Aprender también de los errores

Los estudiantes reconocieron que durante la competencia surgieron inconvenientes técnicos y situaciones que debieron resolver en el momento. Sin embargo, lejos de considerar esas dificultades como un fracaso, las señalaron como parte fundamental del aprendizaje.

“Siempre hay que intentar lo que a uno le gusta, aunque pueda ser difícil, aunque pueda fallar, aunque no pueda salir a la primera”, expresó uno de los jóvenes.

Desde la institución también remarcaron el acompañamiento recibido por parte de docentes y directivos, especialmente para poder sostener actividades que muchas veces requieren quedarse después del horario escolar, solicitar materiales o realizar tareas adicionales.

La directora del establecimiento, Cintia Spinetti, destacó que la institución continuará acompañando los distintos intereses de sus estudiantes y anticipó que durante los próximos meses habrá nuevas participaciones en competencias, entre ellas instancias vinculadas con matemática y otros desafíos académicos.

La experiencia de la Copa Robótica volvió a demostrar así que la formación tecnológica no se limita a aprender programación o construir máquinas. También implica aprender a trabajar con otros, resolver problemas, manejar la presión, aceptar los errores y animarse a intentar nuevamente.

Y para los estudiantes del Manuel de Falla, representar a su colegio y a Alta Gracia en una instancia provincial fue, además, una oportunidad para demostrar que desde la ciudad también se puede competir, crear y construir proyectos con mirada hacia el futuro.