Mucho antes de tener un taller propio, una marca reconocida por sus clientes y un espacio donde cada pieza puede tomar forma, Nathalie Breuer comenzó vendiendo sus artesanías en la puerta de un supermercado.
Era 2014 y aquel comienzo, en el barrio Inaudi de Córdoba, estaba muy lejos de ser una certeza sobre el futuro. Era, más bien, el primer paso de una historia que se construiría con curiosidad, capacitación, trabajo y una enorme cuota de intuición.
Hoy, Nathalie es orfebre, creadora y alma máter de su propia marca, y lleva adelante de manera integral la producción, la atención al cliente y la venta de joyas. A su recorrido sumó recientemente una nueva especialización: el grabado láser, ampliando las posibilidades de un oficio que comenzó a descubrir casi por curiosidad y que terminó convirtiéndose en una parte fundamental de su vida.
Su taller y negocio funciona actualmente en calle Paraguay 174, local 1, donde continúa desarrollando un trabajo que, según cuenta, es mucho más que una ocupación.
“Este proyecto significa todo para mí. Es mi mundo, mi lugar, y es lo que más amo hacer”, expresa.

Cuando la curiosidad se convirtió en oficio
Los primeros pasos de Nathalie dentro del mundo de las artesanías comenzaron en 2014, cuando empezó a vender sus trabajos en la puerta de un supermercado del barrio Inaudi, en Córdoba.
Con el tiempo, su recorrido también la llevó por las ferias de Alta Gracia, entre ellas Desarrollo Emprendedor y Desapego.
Pero mientras vendía sus creaciones, algo comenzó a despertar en ella: la curiosidad por conocer cómo se hacían realmente las joyas.
Esa inquietud la llevó a capacitarse.
Para poder costear sus estudios tuvo que trabajar y sostener, al mismo tiempo, el proceso de formación que le permitiría avanzar en el oficio. Así comenzó a construir una relación cada vez más profunda con la orfebrería.
Aprender haciendo y encontrar respuestas en el oficio
El camino de Nathalie estuvo marcado en gran parte por el aprendizaje autodidacta y la intuición.
Fue desarrollando un perfil propio, basado en la práctica, la observación y la necesidad constante de encontrar soluciones.
Uno de los campos en los que se especializó fue el de los arreglos de joyería, una tarea que exige conocer diferentes técnicas y tener la capacidad de resolver situaciones muy diversas.
Esa experiencia fue construyendo su identidad profesional.
No se trataba solamente de aprender a realizar una pieza desde cero, sino también de comprender cómo reparar, transformar y devolverle valor a una joya que ya existía.
Cada trabajo fue sumando conocimiento y cada desafío se convirtió en una nueva oportunidad para seguir perfeccionando un oficio que Nathalie fue haciendo propio.

El día que decidió apostar por su propio espacio
Durante un tiempo, Nathalie atendió a sus clientes desde la casa que alquilaba junto a su mamá.
Era una manera de sostener el emprendimiento, pero llegó un momento en el que sintió que necesitaba dar un paso más.
Y ese paso implicaba enfrentar uno de los grandes temores que muchas veces aparecen cuando un emprendimiento comienza a crecer: animarse a sostener un espacio propio.
El miedo a no poder afrontar un alquiler estuvo presente.
Pero Nathalie decidió arriesgarse.
Se jugó por tener su propio local y hoy habla de esa decisión con felicidad.
En ese espacio, su trabajo fue ganando reconocimiento y, con el tiempo, comenzó a ser identificada por sus clientes por la calidad de lo que hace.
Aquello que alguna vez empezó en la puerta de un supermercado terminó convirtiéndose en un taller y negocio propio.
Una marca que también es una forma de vida
Hoy Nathalie lleva adelante la producción integral de su marca, la atención de quienes se acercan y la comercialización de sus joyas.
A ese trabajo se suma ahora una nueva especialización: el grabado láser, una incorporación que amplía la propuesta y abre nuevas posibilidades dentro de su universo creativo.
Pero cuando habla de su emprendimiento, Nathalie no lo define solamente desde lo comercial.
Es su mundo, su lugar y una actividad que disfruta profundamente.
Es también una construcción que lleva años de esfuerzo detrás.
Y esa historia continúa teniendo una dimensión muy personal.

Trabajar, crear y también estar presente para su familia
Detrás de la orfebrería existe una realidad cotidiana que forma parte de las decisiones que Nathalie toma para sostener su emprendimiento.
Es mamá de un niño de 7 años con autismo y durante las mañanas necesita acompañarlo, estar presente y compartir un tiempo que considera fundamental para su crecimiento y sus avances.
Por eso, su horario de atención está organizado de manera que pueda encontrar un equilibrio entre ambas dimensiones de su vida.
El taller atiende de lunes a viernes de 15.30 a 20.30 y los sábados de 9 a 13.
No se trata solamente de una cuestión de horarios comerciales. Detrás existe una decisión personal: continuar desarrollando aquello que ama sin dejar de lado el acompañamiento y el tiempo dedicado a su familia.
Así, cada jornada de trabajo también representa una manera de sostener ambas cosas: la pasión por un oficio que construyó durante años y la vida familiar que ocupa un lugar central en su presente.

Una historia que comenzó con una puerta y hoy tiene un espacio propio
La historia de Nathalie Breuer todavía se está escribiendo.
Comenzó en 2014, con artesanías ofrecidas en la puerta de un supermercado. Continuó entre ferias, capacitaciones, trabajos, aprendizajes y horas dedicadas a descubrir los secretos de la orfebrería.
Pasó por una etapa en la que el emprendimiento funcionó desde una casa y llegó finalmente al local propio.
Hoy, detrás de cada joya y cada arreglo hay una mujer que construyó su oficio desde la curiosidad, el aprendizaje y la perseverancia.
Y quizás uno de los mayores logros de este camino sea justamente ese: haber convertido aquello que comenzó como una inquietud en el trabajo que hoy siente como su mundo.

Taller y negocio: Paraguay 174, local 1
Horarios: lunes a viernes de 15.30 a 20.30. Sábados de 9 a 13.
351 7643274
Instagram: @breuer_orfebre
TikTok: @breuer_orfebre
