Agua, universidades y diálogo: el mensaje político que Llaryora dejó en Potrero de Garay

El gobernador cerró en Potrero de Garay su recorrida por Santa María, donde dejó aportes para instituciones, créditos de libre disponibilidad y fondos para avanzar con la obra de agua. En un acto atravesado por anuncios, reclamos y gestos políticos, volvió a marcar distancia del ajuste nacional y defendió una gestión de centro, diálogo y obra pública.

Potrero de Garay fue el último punto de una recorrida cargada de señales políticas. Martín Llaryora llegó este sábado al Polideportivo Comunal después de pasar por distintas localidades del departamento Santa María, en una jornada que mezcló inauguraciones, anuncios, reclamos, fotos institucionales y una idea que el gobernador repitió como marca propia: Córdoba quiere discutir gestión, no gritar desde una tribuna.

El acto tuvo como anfitrión al presidente comunal Gerardo Martínez y contó con la presencia del legislador Facundo Torres, el ministro Marcos Torres, intendentes y jefes comunales de la región, instituciones educativas, Bomberos, Policía, DUAR, Centro de Jubilados, Comisión Vecinal, Consejo de Seguridad y vecinos que acompañaron, aplaudieron y también plantearon inquietudes.

Porque la visita no fue una postal prolija de protocolo. Hubo anuncios, sí. Hubo aplausos, también. Pero también hubo reclamos. En Villa del Prado, docentes lo increparon por la cuestión salarial. En Potrero, el tema de reclamo fue el agua, una preocupación histórica de una localidad que crece más rápido que sus servicios. Y ahí estuvo, justamente, uno de los puntos más fuertes anunciados en el acto: la obra de agua potable como objetivo central para este año.

Martínez lo había planteado antes de que hablara el gobernador: Potrero necesita soluciones estructurales, no respuestas de ocasión. “Cuando trabajamos, no miramos la red a tres meses, la miramos a 30 años”, dijo el presidente comunal, en una frase que resume bastante bien el clima político de la jornada.

También dejó otra definición con destinatario claro para estos tiempos de política editada, recortada y medida en visualizaciones: la gestión local, dijo, no se construye en “20 segundos de redes sociales”, sino con planificación concreta, decisiones responsables y pasos firmes.

Llaryora tomó ese guante y lo llevó a una discusión más amplia. Habló de agua, de rutas, de escuelas, de universidades, de jubilados, de discapacidad, de obra pública y de economía. Pero, sobre todo, habló de una forma de gobernar. En tiempos donde la pelea parece rendir más que el acuerdo, el gobernador eligió presentarse como el dirigente que visita a todos, incluso a quienes no piensan como él.

No es un dato menor. En la misma recorrida estuvo en Villa La Bolsa, gobernada por Alberto Nieto, vinculado al PRO/Juntos por el Cambio; en Villa del Prado, con José Luduña, también del PRO;  además de localidades conducidas por dirigentes del peronismo cordobés como Villa Parque Santa Ana (Sergio Cerda); Ciudad de América (Osvaldo Murúa), Valle de Anisacate (Nicolas Merlo) y Potrero de Garay (Gerardo Martínez). El mensaje político fue evidente: Llaryora quiso mostrar una Córdoba que baja fondos y sostiene vínculos más allá del color partidario.

En su discurso, el gobernador insistió en la necesidad de “gobernar más allá del partido” y de construir una política que busque coincidencias antes que diferencias. Lo dijo en Potrero, pero la frase parece pensada para una discusión nacional mucho más grande: la Argentina que se pelea por todo, que insulta, que maltrata y que muchas veces confunde firmeza con agresión.

“El centro” que propone Llaryora no es una categoría tibia, al menos en su relato. Es una forma de diferenciarse de los extremos. Una política que intenta mostrarse ordenada en lo económico, pero sin dejar a la gente afuera. Allí apareció una de las frases más fuertes del gobernador: la economía tiene que ordenarse, sí, pero con la gente adentro.

En otras palabras: para Llaryora, no alcanza con cerrar números si en el camino quedan afuera los jubilados, las personas con discapacidad, los estudiantes o las familias que dependen de una escuela, de un centro de salud, de una ruta o de una obra de agua. El excel puede cerrar; el problema es cuando la vida queda del otro lado de la celda.

Ese fue uno de los tramos más políticos de su mensaje. El gobernador defendió una mirada humanista de la gestión y cuestionó, sin necesidad de nombrarlo todo el tiempo, el criterio de ajuste que viene aplicando el Gobierno nacional sobre áreas sensibles. La educación fue el ejemplo más claro.

Llaryora volvió a poner sobre la mesa la defensa de la escuela pública, la escuela técnica y la universidad. Recordó su propio paso por la educación pública y defendió la formación con salida laboral como una herramienta concreta para que los jóvenes puedan progresar. “No sacrifiquemos nuestra juventud”, planteó, en línea con el mensaje que viene sosteniendo en los últimos días frente al desfinanciamiento universitario nacional.

El gobernador también habló de las universidades que Córdoba proyecta e inaugura en el interior, aun en un contexto donde la Nación recorta recursos al sistema universitario. La discusión no es menor: mientras el Gobierno nacional mide la universidad como gasto, Llaryora intenta instalarla como inversión estratégica. Y en departamentos como Santa María, donde estudiar muchas veces implica irse, viajar o directamente abandonar, esa diferencia no es abstracta: se siente en la mesa familiar.

En Potrero, además, hubo aportes concretos. La Provincia entregó fondos para las escuelas de la localidad, para Bomberos Voluntarios y para el Centro de Jubilados. También se entregaron dos créditos de destino libre y se anunció el acompañamiento para avanzar con la primera etapa de la obra de agua potable, el anuncio más importante para una localidad que tiene al servicio hídrico como una de sus principales demandas.

La Comuna, por su parte, declaró visitante ilustre al gobernador y le entregó un obsequio con identidad local: una caja con un mate, una tabla y productos representativos de Potrero de Garay. Un gesto sencillo, pero políticamente útil: en los pueblos, los símbolos todavía pesan. Y más cuando vienen acompañados de recursos.

Facundo Torres, segundo orador de la tarde, también jugó su parte. El legislador reivindicó la presencia del gobernador en el territorio y destacó la culminación de la Autovía Ruta 5 como una obra que cambia el presente y el futuro de la región. No es exagerado: la ruta ordenó accesos, modificó tiempos, reforzó la conectividad y abrió una nueva etapa para localidades que ahora empiezan a discutir otro problema, menos urgente pero igual de desafiante: cómo administrar el crecimiento que viene.

Llaryora lo dijo con claridad: muchos de los problemas futuros de estas comunidades estarán vinculados al “estrés del crecimiento”. Es decir, más movimiento, más turismo, más demanda de servicios, más presión sobre el agua, más necesidad de infraestructura. La foto actual, sugirió, puede quedar vieja rápido.

Por eso el agua en Potrero no fue un reclamo menor ni una nota al pie. Fue el centro de la escena. Martínez la planteó como prioridad de gestión y Llaryora la tomó como parte de una agenda más grande: primero infraestructura, después desarrollo. No al revés. Sin agua, sin rutas, sin escuelas, sin conectividad y sin servicios, el crecimiento puede convertirse en problema antes que en oportunidad.

La jornada dejó una imagen política con varias capas. Un gobernador que recorre comunas e intendencias de distintos partidos. Vecinos que aplauden, pero también reclaman. Docentes que incomodan en Villa del Prado. Potrerenses que ponen sobre la mesa el agua. Instituciones que reciben aportes. Y una Provincia que intenta marcar una diferencia discursiva frente al ajuste nacional: ordenar, sí; pero no a costa de romper el tejido social.

En definitiva, Potrero de Garay fue más que el cierre de una gira departamental. Fue una postal de la política cordobesa que Llaryora busca consolidar: territorio, obra pública, diálogo con propios y ajenos, defensa de la educación y un mensaje que apunta directo al corazón del debate nacional.