“En ningún momento vi que sacara su arma”: la oficial tampoco describió la golpiza denunciada por los adolescentes

Mientras los dos adolescentes denunciaron una golpiza y amenazas de muerte con un arma de fuego, la declaración de la oficial que acompañaba al efectivo investigado introduce diferencias importantes en la reconstrucción de los hechos. A esto se suma el testimonio de un subcomisario que reveló que, inicialmente, ambos policías habían sostenido una versión muy distinta de lo ocurrido.

La causa por la presunta agresión policial ocurrida en el Camino de los Lecheros, entre Alta Gracia y Villa del Prado, continúa sumando elementos que merecen ser analizados. Uno de ellos surge de la ampliación de declaración de la propia compañera del policía denunciado, quien reconoció una reacción violenta del efectivo, pero no describió la golpiza a patadas que relataron los adolescentes.

«Ahí mi compañero lo empuja haciendo que se caiga, mientras le gritaba cosas a los dos», manifestó ante la Justicia. La oficial aseguró que quedó sorprendida por la reacción, que sintió miedo y que incluso intentó detener a su compañero. Sin embargo, en su relato no mencionó haber presenciado las reiteradas patadas que constituyen uno de los puntos centrales de la denuncia. Y fue categórica sobre otra de las acusaciones más graves: «La verdad en ningún momento vi que el sacara su arma o hiciera algo referido al arma», declaró.

La afirmación introduce una diferencia sustancial respecto de lo denunciado por los adolescentes, quienes aseguraron que el efectivo los apuntó con su arma reglamentaria y los amenazó de muerte. Que la oficial no haya presenciado ese episodio no significa necesariamente que no haya ocurrido, pero plantea un punto que deberá ser esclarecido.

Una primera versión que tampoco coincide

Hay otra circunstancia que llama particularmente la atención. El oficial a cargo de la Patrulla Preventiva declaró que, cuando consultó inicialmente a los dos efectivos sobre el procedimiento, ambos coincidieron en que los motociclistas habían logrado escapar y que finalmente los perdieron de vista. «Los dos me informaron básicamente lo mismo, que lo pierden en los lecheros y en zona rural de Villa del Prado», sostuvo ante la Fiscalía.

En esa primera explicación, según el superior, no hubo ninguna referencia a agresiones, amenazas con armas ni personas lesionadas. Sin embargo, posteriormente la oficial reconoció que sí habían alcanzado a los jóvenes y que había presenciado una situación violenta protagonizada por su compañero.

También aseguró que había quedado aterrorizada y que temía hablar . ¿Por qué inicialmente no mencionó siquiera el contacto físico que después reconoció? ¿Su silencio respondió exclusivamente al miedo que asegura haber sentido?

Las lesiones, otro punto fundamental

En medio de las distintas versiones existe un dato concreto: las lesiones de los adolescentes fueron constatadas médicamente, incluida una fractura considerada grave. Sin embargo, una cuestión central para la investigación es determinar cómo se produjeron.

La oficial declaró que, al llegar al lugar donde se detuvieron los jóvenes, observaron la motocicleta en el suelo. Uno de los adolescentes, por su parte, aseguró que la había dejado apoyada de esa manera porque tenía rota la pata de sostén. La presencia de la moto en el suelo no demuestra que haya existido una caída ni que las lesiones se hayan producido de esa forma.

Serán las pruebas y las pericias las que deberán permitir establecer si las lesiones son compatibles con las agresiones denunciadas o si existe algún otro mecanismo que pueda explicarlas.

Las dudas que siguen abiertas

La declaración de la oficial no desmiente por sí sola a los denunciantes, pero tampoco reproduce los episodios más graves que ellos relataron. Reconoce un empujón violento, no describe la golpiza denunciada y asegura que nunca vio que su compañero sacara un arma. Al mismo tiempo, su versión posterior contradice la explicación que, según el subcomisario, ambos policías brindaron inicialmente.

Entre las denuncias, las diferentes declaraciones y las pruebas que deberán ser valoradas por la Justicia, todavía hay interrogantes importantes sobre lo que verdaderamente ocurrió aquella madrugada. Sin dudas,  una cosa son las denuncias, otra los testimonios y otra, las pruebas que finalmente permitan determinar las responsabilidades. Y en una causa de semejante gravedad, ninguna versión debería reemplazar a las pruebas.

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