Tras un proceso interno atravesado por disputas, cuestionamientos y resoluciones judiciales, la UCR departamental reunió a dirigentes de distintos circuitos para intentar reconstruir el diálogo político. La nueva conducción enfrenta un desafío que va mucho más allá de sentarse alrededor de una mesa: recuperar cohesión, presencia territorial y protagonismo electoral.
El radicalismo del departamento Santa María parece haber llegado a una conclusión: antes de pensar en recuperar espacios de poder, necesita ordenar su propia casa.
Después de meses de tensiones internas, disputas entre sectores y una renovación de autoridades que terminó atravesada por la Justicia Federal, el Comité Departamental de la Unión Cívica Radical difundió este jueves 8 de octubre un comunicado en el que anunció la realización de una mesa de diálogo y trabajo con presidentes, vicepresidentes y representantes de los distintos circuitos.
La convocatoria apunta, según el documento, a conocer las realidades de cada localidad, compartir inquietudes y construir una agenda departamental vinculada con las necesidades de las comunidades.
Hasta allí, una actividad institucional que podría parecer habitual en cualquier partido político. Sin embargo, el contexto en el que se produce le otorga una dimensión bastante más significativa.
Una interna que dejó diferencias difíciles de ignorar
La renovación de autoridades radicales en Córdoba estuvo lejos de ser un trámite ordenado. La confrontación entre Generación X, el espacio referenciado en Rodrigo de Loredo, y Más Radicalismo, vinculado a Ramón Mestre, derivó en impugnaciones, cuestionamientos sobre las reglas electorales y una definición judicial que terminó dejando sectores fuera de la competencia.
Santa María no fue ajena a ese escenario.
Como informó oportunamente Mi Valle, uno de los puntos más llamativos del proceso fue la discusión por la cantidad de circuitos necesarios para validar las listas departamentales. La resolución judicial dejó firme la exclusión de Más Radicalismo, aunque surgieron interrogantes respecto del cómputo de las presentaciones realizadas en el departamento.
Finalmente, la conducción quedó encabezada por Iván Ruano, dirigente de Despeñaderos, acompañado por Marianella Sabattini, de Lozada, en la vicepresidencia.
En Alta Gracia, en cambio, las negociaciones permitieron alcanzar un acuerdo entre los sectores internos y evitar la competencia electoral. Flavio Molgara continuó al frente del circuito, con César Navarro y Alejandra Román incorporados a la conducción.
Pero una cosa es resolver la distribución de cargos y otra, bastante distinta, superar las diferencias políticas.
La pregunta que sobrevuela esta nueva etapa es si el radicalismo consiguió cerrar sus conflictos o si simplemente logró establecer una convivencia entre sectores que siguen teniendo miradas diferentes sobre el presente y el futuro del partido.
Mucho más que una foto de dirigentes
El comunicado departamental plantea un objetivo que resulta interesante: construir un radicalismo que estudie, investigue y conozca en profundidad los problemas del territorio.
Habla de profesionalizar el trabajo político, formar dirigentes e incorporar herramientas de investigación y análisis para elaborar propuestas concretas.
No es un planteo menor.
Durante años, buena parte de la discusión interna radical estuvo concentrada en las candidaturas, el reparto de espacios, las alianzas y el control de las estructuras partidarias.
Mientras tanto, el escenario político y social fue cambiando, aparecieron nuevas fuerzas electorales y se modificó la relación de los ciudadanos con los partidos tradicionales.
En ese contexto, la reconstrucción del radicalismo no puede limitarse a reunir dirigentes que hace tiempo se conocen y que, en muchos casos, también hace tiempo mantienen diferencias.
El desafío será transformar esas reuniones en una estructura capaz de interpretar lo que sucede en Alta Gracia, Despeñaderos, Anisacate, Malagueño y las numerosas localidades del departamento.
Porque recuperar presencia territorial no significa solamente volver a tener autoridades partidarias en cada pueblo. También implica formar equipos, construir propuestas, incorporar nuevas generaciones y volver a conectar con una sociedad que no necesariamente está pendiente de las disputas internas.
El desafío de Ruano y una unidad que todavía debe construirse
El propio Iván Ruano había reconocido, en declaraciones anteriores a Mi Valle, que el radicalismo necesitaba dejar atrás sus enfrentamientos y recuperar protagonismo político y electoral.
Su planteo apuntaba especialmente a evitar que las disputas por las conducciones terminaran convirtiéndose en enfrentamientos permanentes entre dirigentes.
Ahora, con la conducción departamental definida, llega el momento de llevar ese discurso a la práctica.
La mesa de diálogo podría constituir un primer paso. Pero también abre interrogantes: ¿participarán activamente los sectores que quedaron enfrentados durante la interna? ¿Existirá espacio real para las distintas posiciones? ¿Podrá construirse una agenda común sin que las diferencias vuelvan a concentrarse en los nombres y las candidaturas?
El comunicado no profundiza en esos aspectos, aunque deja expresada la intención de promover una conducción cercana al territorio y abierta a la participación.
El 2027 aparece en el horizonte
Hay otro elemento que resulta imposible separar de este proceso: las próximas elecciones provinciales y municipales.
El radicalismo cordobés deberá definir su estrategia, su relación con otras fuerzas políticas y el lugar que pretende ocupar en una eventual alternativa electoral al peronismo.
Y el departamento Santa María, por su peso territorial y político, forma parte de ese armado.
Por eso, más allá del contenido institucional del encuentro, el movimiento también puede leerse como un intento de reorganización de una estructura que necesita llegar al próximo proceso electoral con algo más que una conducción formalmente constituida.
La UCR departamental anunció, además, que el jueves 22 de octubre se realizará la asunción de las nuevas autoridades, una instancia que permitirá observar cómo se expresa institucionalmente esta etapa.
Después de una interna que dejó diferencias, discusiones y expedientes judiciales, el radicalismo de Santa María vuelve a sentarse alrededor de una mesa.
El diálogo es un comienzo. La verdadera prueba será comprobar si quienes pudieron ponerse de acuerdo para reunirse también logran ponerse de acuerdo para construir un proyecto político.
Porque, a esta altura, el problema del radicalismo no parece ser solamente quién conduce el partido, sino qué partido quiere conducir cada uno.

