“Alta Gracia me hizo sentir padre de un montón de hijos”: la emotiva despedida del padre Marcos Cabrera

Después de 16 años acompañando la vida espiritual y cotidiana de numerosas familias, el sacerdote dejará la ciudad para continuar su misión pastoral en Unquillo. Entre recuerdos, abrazos y emociones, agradeció el cariño recibido y aseguró que se lleva una enorme cosecha de afectos.

Hay despedidas que no se explican solamente con palabras. Se sienten en los abrazos, en los saludos espontáneos por la calle y en cada recuerdo compartido. Así transita por estos días el padre Marcos Cabrera sus últimas jornadas en Alta Gracia, la ciudad que durante 16 años fue su hogar y en la que construyó profundos vínculos con la comunidad.

“En nuestra vida de cura siempre hay despedidas y llegadas”, expresó el sacerdote, con la emoción propia de quien debe dejar atrás un lugar querido para comenzar una nueva etapa.

Marcos reconoció que intenta que la tristeza de partir no ocupe todo su corazón, sino poder detenerse a contemplar la enorme cosecha que deja su paso por la ciudad.

“Recién venía por la calle y un montón de gente se frenaba, paraba y me saludaba. Estoy intentando que la tristeza de dejar un lugar, tanta gente querida y una comunidad no me cope el corazón, sino poder ver también tanta cosecha”, relató.

Una vida compartida desde la fe

Durante sus años en Alta Gracia, primero en la comunidad de Fátima y luego en la Iglesia Nuestra Señora de la Merced, el padre Marcos acompañó algunos de los momentos más importantes de la vida de cientos de vecinos.

Celebró bautismos, matrimonios y encuentros familiares, pero también estuvo presente durante enfermedades, despedidas y situaciones dolorosas.

“Después de tantos años veo cuánta vida compartida. Chicos que hoy tienen 16 o 20 años me dicen: ‘Vos me bautizaste’. También tantos matrimonios, celebrando el amor, y tantos momentos dolorosos acompañando a familiares de enfermos o a personas que habían perdido a un ser querido”, recordó.

Para el sacerdote, esa cercanía representa la esencia de su tarea pastoral: acompañar la vida desde la fe.

“Hay gente que me dice: ‘Vos estuviste cuando falleció mi papá y me acuerdo de lo que dijiste’. Eso es haber acompañado la vida desde la fe, que es lo único que sé hacer”, manifestó.

“Me hizo sentir familia”

Más allá de su rol religioso, Marcos Cabrera logró construir amistades y vínculos que trascendieron las puertas de las iglesias. En Alta Gracia no solamente conocieron al sacerdote, sino también a Marcos, el amigo, el consejero y la persona siempre dispuesta a escuchar.

“Hubo mucho vínculo, mucha amistad y un sentimiento muy fuerte de familia. Eso es algo que le agradezco tanto a Alta Gracia: me hizo sentir padre de un montón de hijos”, expresó conmovido.

Ahora continuará su camino pastoral en Unquillo, una localidad cercana que, según reconoció, le permitirá mantener cierta cercanía con la ciudad y con las personas que formaron parte de esta etapa.

“Me consuela que también es sierra, que tiene vida de pueblo y que estamos cerquita. Seguro que algo voy a tener que venir a hacer o algo me voy a olvidar y voy a tener que buscar”, bromeó, dejando abierta la puerta para futuros regresos.

El padre Marcos explicó que el traslado forma parte de la esencia de la vida sacerdotal y de la disponibilidad para asumir nuevas misiones.

“Es nuestra vida de cura: estar disponibles para lo que Dios, a través del obispo, necesite. Ahí iremos donde nos envíe”, afirmó.

Marcos Cabrera se despide de Alta Gracia, pero deja una huella que permanecerá en cada bautismo, cada misa, cada palabra de consuelo y cada historia compartida. Porque algunas personas parten hacia nuevos caminos, pero el cariño que sembraron las mantiene siempre cerca.