Mi Valle Medios continúa recorriendo Europa y esta vez llegó hasta Espinosa de Cervera, un pequeño pueblo español ubicado a unas tres horas de Madrid, donde dos cordobeses decidieron apostar por un sueño que hoy se convirtió en el gran punto de encuentro de toda la comunidad.
En este rincón cargado de historia, donde alguna vez pasó el Cid Campeador y donde actualmente viven menos de cien personas, Bibi Martínez y su familia se hicieron cargo del único bar del pueblo, funcionando en un edificio histórico que antiguamente fue la escuela local.
“Este lugar es espectacular, maravilloso, muy tranquilo. Hay una paz impresionante”, contó Bibi en diálogo con Mi Valle Medios, mientras recorría las calles del pequeño poblado español.
El bar funciona en las antiguas escuelas de Espinosa de Cervera, construidas en 1741 y cerradas en 1987 debido a la falta de niños en el pueblo. Hace algunos años el ayuntamiento restauró el edificio y hoy volvió a llenarse de vida gracias al proyecto impulsado por Lautaro, hijo de Bibi, quien ganó la licitación para poner en marcha el emprendimiento.
El impacto fue inmediato. Desde la reapertura del espacio, los vecinos recuperaron un lugar clave para reunirse, compartir historias y mantener viva la vida social del pueblo.
“Sí noté la diferencia de lo que era el pueblo antes de la apertura del bar a lo que es ahora. Los abuelos vienen a tomar el café, a compartir, a conversar. El bar es el lugar de encuentro”, explicó Bibi.
Muchos de los clientes son adultos mayores que encuentran allí un espacio de compañía y socialización. Algunos llegan caminando con andadores y otros recuerdan anécdotas de cuando estudiaban en esas mismas aulas décadas atrás.
El pueblo mantiene intactas muchas tradiciones españolas: celebraciones en las calles, comparsas musicales, reuniones familiares y extensas rondas de vermut entre vecinos.
Además del espíritu argentino, el bar también suma sabores cordobeses. Empanadas y otras propuestas gastronómicas comienzan a mezclarse con la cocina regional española.
“Más allá de un bar, esto es un centro de integración”, expresó Javi, otro de los argentinos que forma parte del proyecto y que trabaja en la cocina del lugar.
Espinosa de Cervera se convirtió así en una historia de raíces, integración y encuentro, donde un grupo de argentinos dejó su huella en uno de los pueblos más encantadores de España.
Y mientras el pequeño bar vuelve a llenarse de voces, risas y recuerdos, Córdoba sigue diciendo presente en cada rincón del mundo.

