En Anisacate, la historia de Mauro Ramírez es la de alguien que decidió cambiar el rumbo de su vida para apostar por lo que realmente lo apasiona. A sus 41 años, este artista nacido en Chaco encontró en el dibujo, la pintura y el tatuaje no solo una forma de expresión, sino también un nuevo proyecto de vida.
Desde muy chico, Mauro sintió una fuerte conexión con el arte. “Siempre dibujé, siempre hice cosas artísticas”, cuento a Mi Valle Medios. Sin embargo, su camino lo llevó durante muchos años por otro lado: formó parte de la fuerza policial durante 16 años, etapa en la que su vocación artística quedó en pausa.
El punto de quiebre llegó cuando decidió dejar atrás esa vida y animarse a empezar de nuevo. Fue entonces cuando el tatuaje apareció, casi como un acto de rebeldía, pero también como una forma de reconectar con su esencia. “Ahí fue cuando empecé a tatuar y a pintar, y la gente empezó a valorar lo que hacía”, relató.
Hoy, Mauro construye su presente en base a lo que ama. A través de sus redes sociales —@boira_art, @zoe_tattoo_oficial y @lobo.kaizen— comparte sus trabajos y sigue creciendo en una comunidad que lo va descubriendo en su nuevo lugar.
Su filosofía como artista va más allá de lo estético. “Cuando alguien tiene un trabajo mío, espero que se sienta feliz de tenerlo. A veces las obras eligen a las personas”, explicó, dejando ver una mirada sensible y profunda sobre su oficio.
Instalado en Anisacate desde hace un año, su objetivo es claro: darse a conocer en la zona y consolidar su emprendimiento. Pero su sueño va aún más lejos: vivir plenamente de su arte y construir una vida en paz junto a su familia.
La historia de Mauro es, en definitiva, la de animarse a empezar de nuevo, confiar en el talento propio y transformar una pasión en un camino posible.

