Volantazo de Natalia Contini: del aplauso al ajuste sin anestecia al reclamo por quita de fondos

En política, las convicciones suelen ser categóricas cuando se está de un lado del mostrador, o simplemente sentado en el escritorio. La gestión, en cambio, obliga a convivir con la realidad.

La intendenta de Anisacate, Natalia Contini, fue una de las dirigentes locales que acompañó con firmeza los postulados del gobierno de Javier Milei: ajuste profundo, fin del “festival” del gasto y freno a la obra pública nacional como símbolo de un Estado desbordado.

Ese mensaje tuvo coherencia con el clima político de época. El corte era parte del plan. Pero hoy la escena cambió. Y no solo para Contini.

No es solo Anisacate: es el mapa completo

El reclamo que hoy formula no es aislado. Está en línea con lo que vienen planteando intendentes y jefes comunales de distintos signos políticos:

  • La coparticipación viene bajando.
  • Nación retiene transferencias.
  • No hay financiamiento para obra pública.
  • La crisis económica golpea la recaudación local.

La combinación es explosiva.

A eso se suma un fenómeno que los municipios sienten todos los días: vecinos que no pueden pagar tasas, planes de vivienda que se ralentizan, compromisos que se postergan. No por voluntad política, sino por falta de espalda financiera.

El resultado es simple y brutal: Las comunas y municipios quedan atrapados entre mayores demandas y menores recursos, a pesar de que algunos, como Anisacate, superan ampliamente a otros en recepción de fondos mensuales.

La matemática no cierra

Sin fondos nacionales para infraestructura, con coparticipación en descenso y con caída en la recaudación propia sostener servicios básicos ya es complejo. Pensar en nuevas obras se vuelve casi una misión imposible.

Y ahí aparece el nuevo discurso: que la obra pública no se frene, que se controle, que se haga con transparencia.

El planteo es razonable desde la gestión. La pregunta es cómo se articula con el discurso anterior que defendía el freno como virtud estructural y que usó ese paraguas para sacar servicios básicos como el transporte, la protección social o abalar el despido masivo?

El choque entre ideología y territorio

La política nacional puede permitirse grandes enunciados. El territorio no. En el territorio hay calles que mantener, redes de agua que extender, barrios que demandan servicios. La ideología cede cuando la urgencia golpea la puerta del municipio.

Lo que estamos viendo no es solo un cambio de posición individual. Es el límite práctico de una política macroeconómica trasladada al nivel local. Cuando el ajuste llega al municipio, ya no es consigna. Es caja.

Más que un volantazo, una tensión del sistema

Lo que sucede en Anisacate refleja una tensión más amplia: el modelo de recorte nacional impacta directamente en la sustentabilidad de gobiernos locales que dependen, en buena medida, de la coparticipación y de transferencias para obras.

No se trata únicamente de coherencia política. Se trata de supervivencia administrativa.

Y en esa ecuación, la discusión ya no es si se apoya o no un modelo económico. Es cómo sostener un municipio cuando:

  • bajan los fondos,
  • cae la recaudación,
  • y la demanda social no espera.

La política tiene derecho a revisar posturas, pero la realidad económica obliga a hacerlo más rápido de lo que a veces se admite.

Hoy el reclamo de Contini no suena aislado. Suena a coro. Y el coro lo están entonando intendentes de todos los colores.

La política adulta empieza cuando se asume el límite

Tal vez este momento marque algo más profundo: el paso de la política adolescente —de consignas absolutas— a la política adulta, la que reconoce que el Estado no puede desaparecer por decreto y que los municipios no sobreviven sin financiamiento estructural.

La pregunta que queda flotando es otra: ¿Se asumirá el cambio con honestidad política? ¿O se intentará reescribir el pasado como si el archivo no existiera?

Nota relacionada:

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