Tal como informó Mi Valle, el sábado por la noche, alrededor de las 21, una pareja de adultos mayores vivió tres horas de terror en su vivienda rural, ubicada en las afueras de Monte Ralo. Cuatro personas —al menos dos de ellas vestidas como efectivos policiales— ingresaron al domicilio, redujeron a sus ocupantes y se llevaron dinero, pertenencias y una camioneta. El testimonio de Gabriel, sobrino de las víctimas, expone una modalidad inquietante y pide que el hecho no quede en silencio.
“Llegaron dos personas vestidas de policía, en una camioneta ploteada con balizas azules encendidas”, relató Gabriel a Mi Valle. El rodado simulaba ser un móvil oficial. Al descender, los falsos efectivos fueron recibidos por el dueño de casa, un hombre de 84 años, y su hijo. “Les pidieron el nombre y DNI y les consultaron si no habían visto algo raro. Mientras ellos daban los datos, los redujeron y los esposaron”, contó.
Dentro de la vivienda se encontraba la esposa del hombre, de 76 años. Según el relato, la banda actuó con extrema organización. “Encañonaron a mi tío y a mi tía. Pedían plata todo el tiempo, revolvieron todo. Estuvieron desde las nueve de la noche hasta la medianoche”, explicó Gabriel.
“‘Viejo, ¿dónde está la plata?’, le decían”, recordó.
El grupo estaba compuesto por cuatro personas. “Dos estaban uniformados y dos no. Todos encapuchados”, señaló. Gabriel destacó el nivel de planificación: “Trabajaban con handy, usaban guantes y sabían muy bien lo que hacían. Cada vez que hablaban por radio prendían un ventilador para que no se escuchara con quién se comunicaban”.
A pesar de la violencia del hecho, hubo un dato que llamó especialmente la atención de la familia. “Los trataban bien, les preguntaban si estaban bien, si necesitaban agua. Actuaban con mucha seguridad y con buenas formas”, sostuvo. Para Gabriel, eso refuerza una sospecha inquietante: “Por la forma de actuar, eran policías o gente con formación policial”.
El botín fue escaso pero significativo: “Se llevaron la jubilación de mi tío y algunos pesos más”, indicó. Además, dañaron un vehículo tipo cross —al que le rompieron un vidrio para inhabilitarlo— y escaparon con una camioneta Ford Ranger 4×4. También sustrajeron dos teléfonos celulares. “Uno lo dejaron arriba de la camioneta cuando se fueron”, agregó.
Tras tres horas de encierro, la mujer logró desatarse. “Mi tía pudo soltarse y después desató a su marido, al hijo”, relató Gabriel. Luego, el hombre de 84 años se subió a un tractor y recorrió el camino rural hasta la casa de su sobrino para pedir ayuda. Desde allí se dirigieron a la comisaría para realizar la denuncia.



La vivienda asaltada se encuentra a unos 15 kilómetros del pueblo, en un sector rural que, según les informaron desde la Policía de Corralito, “es una zona gris: no pertenece ni a Corralito ni a Cosme Sud”. “Es una zona donde la patrulla rural no llega”, advirtió Gabriel. La intervención policial quedó a cargo de efectivos de Corralito y Despeñaderos.
Horas después del hecho, la camioneta robada fue hallada abandonada en cercanías de Anisacate, sobre el trazado que une el cruce de Altos Fierro con Alta Gracia. “La encontraron viniendo de la ruta que va hacia Alta Gracia, en la rotonda de la Autovía Nueva, para el lado de Anisacate”, precisó Gabriel.
“Desde esa rotonda, a unos cinco kilómetros —más o menos dos kilómetros antes del puente — estaba tirada a mano derecha, sobre la banquina, abierta, tal como se ve en la foto”.
Para la familia, el lugar donde apareció el vehículo no es un detalle menor. “Sabían por dónde irse y dónde dejarla”, sostuvo Gabriel, reforzando la hipótesis de una banda con conocimiento del territorio.
El testimonio suma además una advertencia que abre una línea clara de investigación. “En el pueblo hay alguien que marca gente”, afirmó Gabriel. Y agregó: “Hace poco le pasó a un amigo mío”. Para la familia, el robo no fue al azar: “Alguien sabía quiénes vivían ahí, cómo vivían y que estaban solos”.
“En 80 años es la primera vez que les pasa algo así”, remarcó el sobrino de las víctimas. Si bien destacó que “tuvieron suerte de que no los golpearon”, aclaró que el impacto emocional fue profundo. “Fue un momento muy traumático”.
Por eso, el pedido es claro: “Necesitamos que esto se haga público, que se sepa. En los pueblos muchas cosas no trascienden y así no puede seguir pasando”. La familia espera ahora que la difusión del caso permita aportar datos y empuje una investigación que, aseguran, debe ir mucho más allá del hallazgo de una camioneta abandonada.