Alta Gracia vivió este sábado una de esas postales que emocionan de verdad. Irina, una adolescente de 15 años, tuvo un cumpleaños distinto, original, pero sobre todo inolvidable. Lo que para muchos es simplemente una fiesta de transición, para ella fue una declaración de identidad, amor a la patria y respeto por una causa que la atraviesa desde la infancia: las Islas Malvinas.
Ideado por su familia —que conoce de cerca la ferviente devoción de Irina por los veteranos y la historia de Malvinas— el festejo incluyó un momento que quedará grabado para siempre en la memoria de todos los presentes: los excombatientes fueron parte del evento, ingresaron al salón con aplausos de pie y le regalaron a la cumpleañera una bandera argentina firmada por ellos.
La emoción fue inmediata. Nadie pudo contener las lágrimas ni el nudo en la garganta cuando, espontáneamente, los más de cien invitados comenzaron a entonar la Marcha de las Malvinas. Una mezcla de orgullo, amor y reconocimiento llenó cada rincón del salón Estación 28, donde chicos y grandes compartieron algo más que una fiesta: vivieron un acto de memoria, de historia viva, de compromiso colectivo.
Irina no solo soñó con esta celebración: la vivió con coherencia y respeto. Ingresó al salón envuelta en una bandera argentina, como si su corazón se vistiera de patria. Cada detalle del festejo hablaba de su pasión: desde los centros de mesa hasta los souvenirs, todo estuvo inspirado en las islas, los veteranos y el amor por la historia nacional.
Esta joven, que desde hace años participa de las vigilias con admirable respeto y madurez, tiene un sueño claro: conocer Malvinas. Y a juzgar por su fuerza interior y por el amor que la rodea, no hay dudas de que algún día lo cumplirá.
Después del momento más conmovedor, llegó la distensión. Hubo risas, anécdotas, fotos, abrazos y torta. Pero por sobre todo, hubo una certeza: cuando las nuevas generaciones eligen recordar, honrar y sostener la memoria con amor, el futuro se llena de esperanza.









