La Cooperativa de Anisacate continúa avanzando con una de las obras más importantes para la infraestructura eléctrica de buena parte del Valle de Paravachasca: el reemplazo progresivo del tendido tradicional por cable preensamblado, un sistema más seguro, más resistente y con mejores prestaciones frente a tormentas, ramas caídas y contingencias que históricamente afectaron el servicio.
El presidente de la cooperativa, Carlos Ríos, explicó que se trata de un trabajo que se viene desarrollando desde hace años, aunque remarcó que el principal condicionante siempre fue el costo. “Hace muchos años que se empezó a trabajar, pero es muy costoso”, señaló, y detalló que una sola bobina de mil metros ronda actualmente los 10 millones de pesos.
Aun así, la apuesta fue sostenida en el tiempo y hoy muestra resultados concretos. Según precisó, todo el arco oeste de Anisacate, del lado de la ruta, ya cuenta con preensamblado, incluyendo sectores como Villa Montenegro, Los Morteritos, Villa Río, Parque San José y Los Algarrobos, entre otros. En paralelo, se trabaja para completar La Bolsa, donde resta muy poco en la zona de Cerritos, además de algunas cuadras en el Descanso y tres barrios más de ese sector.
“Todo lo demás está hecho”, resumió, aclarando que Dique Chico y Valle de Anisacate tienen el 100% del cableado pre ensamblado. Consultado sobre qué significa concretamente esta tecnología para los vecinos, Ríos lo explicó en términos sencillos: el preensamblado es “el cable negro, forrado, trenzado”, que ofrece una resistencia mecánica muy superior a la del cable desnudo.
La diferencia no es menor. Mientras el tendido tradicional suele cortarse con facilidad cuando caen ramas o se registra mal tiempo, el nuevo sistema soporta mucho mejor esas situaciones. “Es más probable que se quiebre el poste que se produzca un corte en el cable”, graficó el titular de la cooperativa, marcando el nivel de robustez de este material.
Ese cambio impacta de lleno en la calidad del servicio. Menos cortes significa menos reclamos, menos cuadrillas de emergencia en la calle, menos horas extras y menos gastos operativos, además de una respuesta mucho más eficiente durante jornadas climáticamente complejas.
De hecho, ese beneficio ya se percibe con claridad. “Tuvimos cinco días prácticamente de tormenta y muy poco [de inconvenientes]”, indicó, al comparar el comportamiento actual de la red con lo que ocurría años atrás en zonas especialmente sensibles como Villa Río, donde cada temporal implicaba múltiples intervenciones.
También reduce riesgos
Además de la continuidad del servicio, el cable preensamblado también aporta una mejora significativa en materia de seguridad. Al estar recubierto, disminuye las posibilidades de fallas por contacto, chispazos y situaciones que pueden derivar en incidentes mayores, incluso incendios. “Evita pérdidas y mejora el servicio un montón. El tema incendio también, por una chispa o por una falla, al estar forrado es más difícil que se produzca”, explicó Ríos.
En otras palabras, la obra no solo busca que haya menos cortes: también apunta a construir una red más confiable, más moderna y más preparada para el crecimiento de Anisacate.
De acuerdo con la estimación del presidente de la cooperativa, para terminar el esquema previsto de baja tensión con preensamblado estarían faltando entre cuatro y cinco bobinas más de cable, una inversión millonaria pero estratégica.
Ríos incluso utilizó una comparación cotidiana para dimensionar lo que representa esta infraestructura: avanzar con el preensamblado en baja tensión, dijo, es como asfaltar calles dentro de una cooperativa. Es decir, una obra estructural, de base, que no siempre luce tanto a simple vista, pero que cambia de fondo la vida diaria de los vecinos.
Postes y planificación
En paralelo al recambio del cableado, la cooperativa también viene avanzando en la sustitución de postes, especialmente en media tensión, donde los elementos de madera se van reemplazando progresivamente por postes de cemento, más durables y resistentes.
Ríos detalló que la entidad ya no compra solamente cuando surge una urgencia, sino que ahora comenzó a trabajar con stock, adquiriendo distintas medidas según las necesidades técnicas de cada sector.
La lógica, una vez más, apunta a lo mismo: dejar atrás la improvisación y consolidar una red eléctrica con mayor previsibilidad, resistencia y capacidad de respuesta. En una localidad en crecimiento, donde cada tormenta pone a prueba la infraestructura, el avance del preensamblado no aparece como una mejora menor, sino como una inversión de fondo. Menos cortes, menos riesgo, menos pérdidas y más estabilidad: detrás del “cable negro forrado” hay, en realidad, una obra silenciosa pero decisiva para el presente y el futuro dl Valle de Paravachasca.







