En política, la palabra “unidad” suele ser tan poderosa como ambigua. Y el cierre de listas del Partido Justicialista de Córdoba volvió a confirmarlo.
Con los 26 departamentos alineados bajo una lista única, el peronismo cordobés logró lo que se propuso desde el inicio: evitar una interna abierta y mostrar orden. Pero ese orden, lejos de ser automático, fue el resultado de horas de negociación, tensiones territoriales y acuerdos que, en algunos casos, se sostienen más por conveniencia que por convicción.
Porque sí, hubo rispideces. Algunas más visibles, otras silenciosas. Como el caso de Malagueño, donde un exintendente decidió correrse de la lista de unidad cuestionando la conducción local y el armado político. No fue el único ruido. Hubo “perlitas” en distintos puntos de la provincia. Pero ninguna alcanzó el volumen suficiente como para romper la lógica dominante: cerrar filas.
En ese escenario, una figura emergió con claridad en el centro de la escena, el altagraciense Facundo Torres. No solo como articulador, sino como garante político del proceso. Ayer, encabezando personalmente la recepción de listas, Torres no fue un actor más: fue el rostro visible de una ingeniería política que buscó contener, ordenar y, sobre todo, evitar fisuras.
Su rol no es menor. En un peronismo que atraviesa una transición de liderazgo —con Martín Llaryora consolidando poder y el esquema post-Juan Schiaretti todavía acomodándose—, aparece como una pieza clave en el armado territorial.
Claro que no es una figura exenta de discusión. Como todo operador político que gana centralidad, también acumula miradas críticas. Pero lo concreto es que, en este cierre, su intervención fue decisiva para sostener una unidad que, sin conducción, probablemente hubiera derivado en múltiples internas.
Ahora bien, ¿qué tipo de unidad es esta? No es una unidad romántica ni ideológica. Es una unidad pragmática. De esas que entienden que el costo de la fragmentación puede ser mucho más alto que el de ceder espacios. Una unidad que ordena hacia afuera, aunque hacia adentro siga negociando poder. Porque si algo quedó claro en este proceso, es que la discusión no desapareció: se administró.
El PJ cordobés evitó la foto de la interna, pero no la dinámica de la disputa. Y en esa tensión —controlada, pero latente— se juega buena parte de lo que vendrá. En definitiva, esta unidad no es solo un gesto hacia adentro. Es una señal hacia adelante.
El peronismo cordobés no ordenó su estructura únicamente para evitar una interna. Lo hizo entendiendo que el escenario político que se abre exige volumen, territorialidad y capacidad de respuesta. Y en ese tablero, el PJ vuelve a posicionarse como un actor central.
La construcción de una lista de unidad en los 26 departamentos no es un dato menor: es la base sobre la cual se intentará sostener —y eventualmente ampliar— su protagonismo en las próximas elecciones. Sin estridencias, sin confrontaciones innecesarias, pero con una lógica clara: llegar ordenados para disputar poder.
Porque si algo dejó este proceso es una certeza: la discusión no terminó. Recién empieza… pero ahora, con reglas más claras.