El golpe comando que sufrió la histórica librería Morydi, en pleno centro de Alta Gracia, no solo generó indignación en la ciudad sino que tomó estado provincial por el impacto del hecho y la trayectoria del comercio afectado.
Tras varios días de hermetismo, la familia Di Motta decidió expresarse públicamente a través de sus redes sociales, con un mensaje cargado de dolor, pero también de firmeza.
“Como es de público conocimiento, el fin de semana pasado atravesamos una de las situaciones más difíciles y dolorosas que cualquier comerciante teme vivir”, comienza el comunicado difundido por la familia.
El robo —ocurrido mientras el local permanecía cerrado— implicó el ingreso al comercio mediante un boquete en una pared y la sustracción de la caja fuerte, en lo que fue calificado como un accionar organizado.
Más allá de lo material, el impacto emocional fue profundo. “No podemos negar el dolor, la impotencia y la angustia que genera ver cómo, en cuestión de minutos, se intenta arrebatar el fruto de tanto esfuerzo, sacrificio y horas de trabajo construidas por esta familia con amor y dedicación a lo largo de 55 años”, expresaron.
Morydi no es solo una librería. Es una marca identitaria de Alta Gracia. Un comercio familiar que atravesó generaciones y que forma parte del entramado comercial e histórico de la ciudad.
Sin embargo, el mensaje no se detuvo en la tristeza.
“Aun así, hoy elegimos levantarnos. Elegimos no quedarnos en la tristeza, pasar la página y seguir adelante, como siempre lo hicimos: con trabajo, con honestidad y con la fuerza que nos caracteriza”.
La familia también destacó el acompañamiento recibido en las últimas horas: “Queremos agradecer de corazón a cada persona que nos escribió, que se preocupó, que nos acompañó con un mensaje, una palabra o un abrazo. Tenemos un entorno humano maravilloso”.
El comunicado cierra con una frase que sintetiza el espíritu con el que decidieron enfrentar el momento:
“Con dolor, pero también con esperanza y fortaleza, continuamos luchando. Seguimos por más”.
El caso generó repercusión no solo en Alta Gracia sino en distintos sectores políticos y comerciales de la provincia, reabriendo el debate sobre seguridad en zonas céntricas y la vulnerabilidad de los comercios.
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