Desde el centro vecinal celebran el anuncio municipal del nuevo salón comunitario, pero recuerdan que el sector forma parte de un área natural protegida y debe respetarse su identidad territorial.
Valle Buena Esperanza celebra el anuncio del nuevo centro vecinal, pero advierte sobre la necesidad de proteger su identidad ambiental y comunitaria. El anuncio realizado durante la apertura de sesiones del Concejo Deliberante de Alta Gracia, el pasado 1° de marzo, sigue generando repercusiones en distintos sectores de la ciudad. Uno de los puntos destacados del discurso del viceintendente a cargo del Ejecutivo municipal, Jorge “Ruso” De Napoli, fue la construcción de dos nuevos centros vecinales, uno de ellos destinado a Valle Buena Esperanza.
Desde la comisión vecinal del sector valoraron la decisión, aunque también plantearon que el anuncio llega en un contexto donde la comunidad viene trabajando desde hace años para recuperar un espacio de encuentro propio y defender las particularidades del territorio.
La presidenta del Centro Vecinal de Valle Buena Esperanza, María Inés Chiotti, recordó que el barrio tuvo históricamente un salón comunitario construido por los propios vecinos, que funcionó durante décadas como núcleo de actividades sociales.
“Desde el año 1972 existía el centro vecinal en el Valle, hecho por los vecinos y las vecinas. Ese salón fue luego destinado a la construcción del jardín de infantes, algo que era muy necesario para la comunidad, pero la realidad es que nos quedamos sin un espacio propio de encuentro”, explicó.
Durante años, ese lugar fue sede de reuniones, talleres y actividades comunitarias. La pérdida del salón obligó a los vecinos a reorganizarse sin un espacio físico para desarrollar las tareas del centro vecinal.
Un reclamo que lleva años de gestión
Chiotti señaló que durante todo el año pasado la comisión vecinal mantuvo gestiones con el municipio para encontrar una solución.
En ese marco, lograron avanzar en la cesión de un terreno donde comenzaron a proyectar un nuevo espacio comunitario.
“Durante todo el año pasado sostuvimos gestiones para lograr un terreno. Hoy contamos con ese espacio y estamos impulsando allí lo que será la primera plaza del Valle Buena Esperanza”, explicó.
Ese predio, ubicado al final de la calle larga, ya comenzó a ser acondicionado con mesas y juegos para niños, además de la estructura inicial de lo que será el futuro salón comunitario.
Sin embargo, desde el centro vecinal remarcan que la construcción de un salón resulta difícil de concretar únicamente con el esfuerzo de los vecinos, por lo que esperan que el anuncio municipal permita avanzar en una solución definitiva.
“Planteamos que es muy difícil, solamente desde la voluntad de los vecinos, poder concretar un salón en el corto plazo. Por eso pedimos igualdad con otros centros vecinales y que se construya un espacio comunitario”, señaló.
Un territorio con identidad rural y ambiental
Más allá de la infraestructura comunitaria, desde la comisión vecinal también remarcan que el principal desafío para Valle Buena Esperanza tiene que ver con la preservación de su identidad territorial.
Chiotti subrayó que el sector no se reconoce como un barrio urbano, sino como una zona rural con características ambientales particulares.
“No somos un barrio: somos una zona rural y un área natural protegida”, afirmó. Según explicó, el territorio forma parte del esquema de ordenamiento territorial establecido en el Plan de Ordenamiento Urbano de 2009, donde gran parte del área fue reconocida como zona de bosque nativo protegido.
De las aproximadamente 3.000 hectáreas del sector, cerca del 90% corresponde a zona roja de la Ley de Bosques, lo que implica un alto nivel de protección ambiental.
En ese contexto, desde el centro vecinal vienen impulsando la actualización del Plan de Ordenamiento Urbano Territorial y la sanción de una ordenanza específica que regule los usos del suelo en el área.
“No puede haber desmontes ni cambios de uso del suelo en esta zona. Lo que planteamos es que se respeten las leyes vigentes y que se reglamente claramente esta área natural protegida”, sostuvo.
Desarrollo, pero sustentable
Lejos de oponerse al crecimiento de la ciudad, los vecinos plantean un modelo de desarrollo que combine producción local, turismo rural y cuidado ambiental. En esa línea, desde la comunidad vienen trabajando en tres ejes principales: agroecología, educación ambiental y turismo rural sustentable.
Uno de los proyectos más recientes es “Agua para la Buena Esperanza”, una iniciativa desarrollada junto a la Facultad de Matemática, Astronomía y Física (FAMAF) de la Universidad Nacional de Córdoba.
A través de este programa, vecinos del valle participan en la medición de lluvias mediante pluviómetros, aportando datos científicos a un sistema de monitoreo climático basado en ciencia ciudadana.
Además, la comunidad impulsa proyectos productivos vinculados a la agroecología, con producción de alimentos como miel, huevos, pan casero, huertas y pequeños emprendimientos rurales.
La idea, explican, es avanzar hacia la creación de un “cinturón verde” que provea alimentos sanos a Alta Gracia y genere trabajo para los habitantes históricos del valle.
Comunidad activa, incluso sin salón
Mientras esperan la concreción del nuevo espacio vecinal anunciado por el municipio, las actividades comunitarias continúan desarrollándose en distintos puntos del sector.
Actualmente se dictan talleres culturales y sociales, entre ellos folclore y tejido, que funcionan en articulación con espacios del propio valle.
“Antes de tener un salón comunitario, hoy el espacio lo proveen los vecinos y los emprendimientos del lugar”, explicó Chiotti.
Un valle con identidad propia dentro de Alta Gracia
El Valle Buena Esperanza se ubica en el sector oeste de la ciudad de Alta Gracia, hacia la zona de La Rinconada, conformando un territorio de transición entre lo urbano y lo rural, caracterizado por la presencia de bosque nativo, cursos de agua y una fuerte identidad comunitaria.
Se trata de una zona que, según el Plan de Ordenamiento Urbano Territorial vigente, posee amplias áreas consideradas naturales protegidas, lo que marca gran parte de las discusiones actuales sobre el desarrollo y los usos del suelo en el sector. En los últimos años, el Valle también comenzó a ganar visibilidad por distintas iniciativas ambientales, productivas y comunitarias impulsadas por sus propios habitantes.
Incluso recientemente informó sobre un hecho inédito para la provincia de Córdoba: la floración del primer camalote registrado en territorio provincial, un trabajo de observación y cuidado del ecosistema que viene desarrollando una vecina del sector. VER: https://mivalle.com.ar/el-unico-irupe-cordobes-florecio-en-alta-gracia-y-desafio-al-clima-serrano/
Este tipo de iniciativas, junto a proyectos vinculados a la agroecología, la educación ambiental y el turismo rural sustentable, forman parte de la identidad que los propios vecinos buscan preservar mientras el sector continúa creciendo dentro del mapa urbano de Alta Gracia.