La reciente difusión de un video reactivó el debate y vuelve a poner en primer plano una mirada que desde hace años impulsa la artista Hilda Zagaglia: reconocer a la acequia no solo como obra hidráulica colonial, sino como patrimonio vivo atravesado por memoria afro e identidad local.*
Alta Gracia vuelve a mirar hacia abajo. No a modo de nostalgia, sino de estrategia. La intención es clara: avanzar para que la acequia jesuítica sea incorporada formalmente al sistema reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
La difusión de un reciente video sobre el tema encendió nuevamente la conversación pública. ¿Cómo puede pensarse el patrimonio jesuítico sin el sistema de agua que lo hizo posible? ¿Puede existir el Tajamar como ícono sin la red que lo alimenta?
Las acequias no fueron solo ingeniería del siglo XVII. Fueron trabajo, organización productiva y también huella de presencias invisibilizadas. Esa dimensión —la que conecta infraestructura con memoria afro— viene siendo planteada desde hace más de una década por Hilda Zagaglia.
A través de intervenciones urbanas, caminatas performáticas y proyectos como “Memorias Afro”, la artista instaló una idea potente: el agua que corre bajo la ciudad es también historia que fue ocultada. Si hoy el debate patrimonial incorpora esa perspectiva, es porque hubo quienes antes sembraron esa lectura.
Cuando el sistema jesuítico de Córdoba fue declarado Patrimonio Mundial en 2000, la Estancia y el Tajamar quedaron bajo ese paraguas internacional. Pero la acequia, pieza estructural del sistema hidráulico, quedó fuera del reconocimiento formal.
Hoy, la artista mueve fichas para revertir esa omisión. No se trata solo de ampliar un listado, sino de completar el relato. De entender que el patrimonio no son solo muros y fachadas, sino también los trazados que los sostuvieron.
Incorporar la acequia al reconocimiento internacional implicaría mayor protección, visibilidad y una narrativa más integral del pasado local. Pero también supone asumir una discusión más profunda: reconocer todas las capas de la historia, incluso las incómodas.