En el Valle Buena Esperanza floreció una especie nativa del Iberá que no existe en ningún otro punto de la provincia. Cecilia, quien logró “el milagro”, dialogó con Mi Valle y contó los detalles.
En un rincón del Valle Buena Esperanza, donde el frío serrano suele imponer límites y la amplitud térmica no perdona, floreció algo que parecía improbable: el único Irupé de toda Córdoba. Detrás de esa hazaña está Cecilia, paisajista especializada en jardines acuáticos y biopiscinas, que lleva más de una década explorando el mundo de las plantas acuáticas.
“Empecé hace unos diez años, cuando hice un curso de diseño de jardines acuáticos en Buenos Aires. Primero traje una planta, después otra… y cada vez fueron más”, cuenta a Mi Valle.
Lo que comenzó como colección se convirtió en un proyecto de investigación y paciencia. Lotos, nenúfares y variedades palustres comenzaron a convivir en su espacio hasta que decidió intentar algo mayor: cultivar Irupé.
Su nombre científico es Victoria cruziana, aunque Cecilia prefiere llamarlo por su nombre originario. “Yo prefiero decirle Irupé, aunque el nombre científico remite a la reina Victoria. Es una forma también de reivindicar el nombre nativo”, explica.



Una flor que solo vive dos noches
El desafío no es menor. El Irupé es una planta anual. Cada invierno muere. Cada primavera obliga a empezar desde cero. “Es volver a empezar todos los años. Si no lográs que la flor de semilla, no tenés planta el año siguiente”, detalla.
La germinación es compleja. Que alcance estado adulto, aún más. Y cuando finalmente florece, el espectáculo es efímero: abre solo dos noches.
La primera noche la flor es blanca y está en fase femenina. La segunda noche se torna rosada y entra en fase masculina. En su hábitat natural —los esteros del Iberá— la poliniza un escarabajo marrón que queda atrapado dentro cuando la flor se cierra durante el día y sale cubierto de polen al reabrirse.
En Córdoba, ese proceso debe hacerse manualmente. “Por el clima de acá, las noches son muy frescas y es difícil que los polinizadores estén activos. Entonces lo hacemos nosotros a mano”, explica Cecilia.



Gigante y espinosa
Las hojas pueden alcanzar casi dos metros de diámetro, dependiendo de la variedad. En el envés presentan espinas, un detalle que sorprende tanto como su tamaño. “Es una planta de porte muy grande. Las hojas parecen platos gigantes flotando en el agua”, describe.
La flor mide entre 20 y 22 centímetros y su apertura es nocturna. Saber cuándo abrirá no es sencillo. “Hasta que no empieza a mostrar signos es difícil preverlo. Hay que observar mucho”, cuenta.
El único en Córdoba
El Irupé no es nativo de la provincia. Adaptarlo al clima serrano fue el mayor obstáculo. “En este momento, en Córdoba es el único que hay”, afirma.
No es casualidad. La amplitud térmica cordobesa complica su desarrollo, y más aún en zonas serranas donde el frío nocturno se intensifica. Lo que ocurrió en Alta Gracia no es solo una curiosidad botánica. Es el resultado de años de formación, ensayo, error y persistencia.
En tiempos donde las biopiscinas y los sistemas sin químicos ganan terreno, el trabajo de Cecilia también marca una tendencia: producir belleza sin alterar el equilibrio natural. Y mientras la flor dura apenas dos noches, el logro permanece.