‘Una tercera guerra mundial de a pedacitos’, era la forma de describir el estado actual de lascosas por parte de Bergoglio. Esa descripción es larga en su implicación y simple en su descripción: la cantidad de agentes involucrados representa directa o indirectamente casi la totalidad de las naciones y sus intereses en el planeta. Tanto aquellas de primer, como de ‘segundo’ y ‘tercer’ orden. De hecho, es justamente esto lo que está en juego.
Este análisis supone mucho, así que su discurrir es sólo sobre alguna que otra arista no por eso menos
importante. Hay una trinidad anglófila siempre vigente en el mundo moderno. Su extensión, cuando miró hacia el este, vió lo salvaje e indomable como fiel futuro y así, hizo suyas las planicies que, casi sin interrupción, conectan al pacífico con el atlántico. Desde ahí, el hijo asomábase por ambas ventanas que cuando lo decidiese puertas podrían ser, y fueron, a partir de las cuales vagó antojadizamente en la decisiones de vida de otros pueblos.
Este hijo consolidó rápidamente, quizás demasiado rápido para sí mismo, las proyecciones que el padre y las raíces de él, echaban en sueños al mirar el horizonte de un mar turbulento. Tanto que, juntó a su padre y las raíces de éste en su imágen y semejanza, al punto de integrarse y superarlas. Así, logró ser tierra en extensión amplia como aquellas que bajan de los bosques cerca de la alta europa, pero no olvidó lo vital: el padre.
Su extensión atravesó el continente y transformó su geografía. Sumó a su cuerpo pies y cabeza, y a lo que era isla, norte y sur le arraigó. No por eso perdió su espíritu. ¿Qué diferencias hay cuando isla es condición de ser y aún se está rodeado de agua?, ¿cambió en algo el agregado cardinal a la beligerancia con que se relaciona?. No, no cambió su espíritu, de hecho éste llegará hasta el nieto, el espíritu de la trinidad.
A la cabecera de la belicidad del pasado siglo y como árbitro de sus linajes familiares, salió a través de Occidente viendo por delante y por detrás. No salió solo, fruto de inmensos trabajos de la razón organizadora que tuvo que cargar sobre su hombro los cadáveres resultantes de sus pulsiones administradas en su propio hogar, generó otros ditirambos seculares más allá, de los cuales se sintió eximido quizás en una acción que generaba redención y repetición en simultáneo. Estado y coacción es para el liberalismo un deseo, y es ésto lo que consolidó de a poco estructuras antiguas en tierras semitas. Viejas tierras que nutrieron algunas vez al Padre del tío Sam, en perennidades como el número o la megalomanía.
Con aquella vieja territorialización la inteligencia liberal destapó un laurel envuelto en matorrales, y halló su propia superación de internacionalismo en el que se cobijó despúes de la guerra fría, en el arraigo nacionalista expulsivo, y volvió a situar como alguna vez un viejo primo de las tierras galas lo hiciese, al santo en la ley, integrando así la estatalidad a lo religioso, que no es más que un martillo absoluto ahora relativizado en la mano temporal.
La historia corta necesita de la profunda para ser entendida. Y este no es un lugar para ello, pero si se puede hacer mención de las caras de agentes en los grandes momentos, o de sus decisiones soslayadas en otros. ‘La irrupción de América en la historia’, brillantemente presentado por Amelia Podetti, juega en el tono en el que estamos. Voy a suponer su contenido acá. El punto es este: la modernidad se ha determinado en su concreción histórica a partir de diferentes momentos, revolución luterana, fines de renacimiento, iluminismo, e incluso la conquista de América por parte de Europa, entre algunos otros más o menos importantes. Con todo, doscientos años después, desde las periferias occidentales se habla de ‘viejo continente’, y que se hable en esos términos es porque por debajo algo
quiere tocar superficie, sin ser nombrado aún.
Esos monstruos gramscianos que aparecen a media historia se enuncian acá. El llamado ‘viejo continente’, el Padre arriba del tío Sam, es nuevo bajo la luz de las tierras en las que se ensancha el espíritu, aunque éste perviva en esta falsa tensión entre lo viejo y lo nuevo que, sólo en tanto tensión, es fascinación de intelectuales y horror de vivientes terrícolas. Es por ello que el espíritu nieto se preocupa por la extensión, viejo remedio del abuelo ante las inclemencias del tiempo profundo. Es que, que “el tiempo sea superior al espacio”, es uno de esos principios políticos/metafísicos de Bergoglio, bien leído por su enemistad.
Porque esta trinidad ha dado pasos, y los continúadando, en la reorganización de un Occidente gastado en sus propias culpas. Esas que ponen al primo galo pidiendo democracia en las tierras que hasta ayer dominaba totalmente. El resto, ¿lo libre?, dirigido por esos grupos que ante una acusación se excusan con la frase que por excelencia surge en la contemporaneidad liberalizada, eso de “hice lo que me dijeron que haga”. Confesa declaración del maquinista de Auschwitz. Al frente de esa dirigencia, el padre, Sam, que aprendió de aquella consigna calculando su acción, soltó a su hijo quién determina su futuro más de lo que aquel quisiera.
Es que su espíritu, nieto, creció viendo la violencia en extensión de su abuelo, el ́viejo continente ́, para consigo mismo, y se confirmó en la coacción su estado de apetencia, su posibilidad de crecimiento. Asumió su violencia como condición de ser, incluso cuando aquella buscaba su aniquilamiento. ¿Por qué diría sino su líder hace dos décadas atrás (creo que ex líder) que la forma de instalarse es atacando, matando y desestabilizando cada ciertos lapsos de tiempo a los habitantes terrícolas del territorio invadido?. Así, cada vez que ‘el viejo’, el tío Sam, y el espíritu nieto reconocieron a un otro, fue violentamente. Es por ello que, en cuanto continúa su reproducción en las diferentes caras de los agentes históricos, no aparecen sino a condición de la violencia que proyecta siempre culposa su deber ser encarnado.
La guerra de a pedacitos se encuentra en el frente de definición y este puede durar demasiado. Como bien aprendió su espíritu, es en el tiempo que deberá darse la batalla, y así se sinceró su líder (o ex líder). Este hoy critica su estado de dependencia familiar, y en esta rebeldía, el ya anciano tío Sam, de vez en cuando apoya el rifle como bastón sobre la resquebrajada tierra. El sabe que, aunque quisiese, volver antes del 2015 es difícil, incluso cuando voluntad hubiese, justamente porque él es el gran responsable de ésta imposibilidaddado que incentivó este reordenamiento geopolítico, e internamente nunca antes titubeo tanto.
Quizás la última vez fue cuando disputó un orden cardinal, el sur, consolidando la superación del viejo padre. Y no es casualidad que los atormentados del derrotado y el derrotador de esa diatriba, sean hoy un motor fuerte de esa crítica interna a un nacionalismo estatal/productivo que en términos culturales ya había comenzado antes con su ensimismamiento racial. No muy lejos de esto estuvo el bréxit del Gran Abuelo, que, de todos modos, abandonó parcialmente su condición de isla, por lo menos en lo que su
relación estratégica para con la vieja Europa refiere. Pero, la experiencia ya había comenzado, y era el Espíritu quién lo consolidaba, junto al empuje histórico familiar.
¿Acaso es ésta la idea de un occidente ampliado?. Sí es esta la resultante, ¿el futuro es de los apartados?. Quiero decir, cuando el tío Sam, demasiado viejo para lanzar la boya más allá de su mano, agote su última tanza de fascismo cultural, ¿qué tendrán para hacer Iberoamérica y África cuando los pedacitos sean una nueva unidad?. ¿O es esto otro sueño más de la ‘irrupción’ de los apartados en la historia?.