Con 90 reformas anunciadas, el Presidente defendió que “triplicó los salarios en dólares”, atacó a la oposición en vivo y generó retiros en el recinto. Córdoba quedó en el centro de la escena.
La apertura del 144° período de sesiones ordinarias no fue una ceremonia institucional clásica. Fue un combate político televisado.
El presidente Javier Milei anunció 90 reformas estructurales en nueve meses, defendió su programa económico con cifras contundentes y, al mismo tiempo, convirtió el recinto en un escenario de confrontación directa.
Hubo legisladores que se retiraron. Entre ellos, la senadora cordobesa Alejandra Vigo, quien habló de “falta de respeto” tras las descalificaciones presidenciales.
No es un dato menor: cuando parte del Parlamento se levanta en una apertura de sesiones, el mensaje trasciende la coyuntura.
Comparativa histórica: de Alfonsín a Milei
Desde 1983, las aperturas de sesiones marcaron estilos presidenciales muy definidos:
- Raúl Alfonsín utilizó el Congreso como escenario de reconstrucción democrática.
- Carlos Menem lo convirtió en plataforma de reformas estructurales, pero con acuerdos políticos amplios.
- Néstor Kirchner introdujo un tono confrontativo, aunque dentro de márgenes institucionales.
- Cristina Fernández de Kirchner tensó la retórica, pero mantuvo formalidad protocolar.
- Mauricio Macri buscó tono moderado, incluso en contextos adversos.
- Lo de hoy fue distinto: interpelaciones personales, frases como “parásitos —o sea, ustedes—” y acusaciones de “golpistas” en vivo.
El recinto dejó de ser espacio deliberativo y pasó a ser escenario de disputa identitaria.
90 reformas: ¿ambición transformadora o presión institucional?
Milei anunció que cada ministerio preparó 10 paquetes de reformas estructurales y que enviará uno por mes.
“Nuestra ambición reformista no es un ‘vamos por todo’”, sostuvo.
Pero el volumen —90 proyectos en nueve meses— implica una presión legislativa inédita desde el retorno democrático.
No se trata de una ley clave. Es una reforma permanente.
El dato sensible: “Triplicamos el salario en dólares”
En el tramo económico, el Presidente afirmó: “Hemos triplicado el salario en dólares”.
Técnicamente, el salario medido al tipo de cambio oficial efectivamente mejoró respecto al piso de la devaluación inicial de diciembre 2023. Pero el contraste requiere matiz: La comparación parte de un momento de fuerte caída real tras el salto cambiario. El poder adquisitivo interno aún depende de inflación acumulada y recomposición sectorial.
El salario en dólares puede subir por apreciación cambiaria sin que el salario real crezca en igual proporción.
Es decir: la frase es técnicamente defendible si se toma el piso de arranque, pero políticamente controversial porque simplifica un proceso complejo que en la calle es justamente al revés.
Moral, Estado y batalla cultural
Más que un balance de gestión, el discurso fue un manifiesto.
“La verdadera batalla es cultural, filosófica y moral”, afirmó.
Planteó que reducir el Estado implica reducir el poder del político y sostuvo que el país debe abandonar su “adolescencia institucional”.
Consagró 2026 como el “Año de la Grandeza Argentina”.
Aquí Milei no habló como administrador. Habló como líder doctrinario.
Córdoba en escena
El retiro de Alejandra Vigo no fue un gesto menor. Córdoba ocupa un lugar estratégico en la gobernabilidad nacional.
La provincia ha sido históricamente bisagra en reformas estructurales. El peronismo cordobés, referenciado en Juan Schiaretti y con fuerte peso legislativo, suele jugar en clave de equilibrio institucional.
Cuando una senadora cordobesa habla de “falta de respeto”, el mensaje no es solo personal: es político.
Además, varias de las reformas anunciadas impactan directamente en Córdoba:
.Cambios impositivos que afectan agroindustria.
.Régimen de semillas con fuerte influencia en el corredor productivo.
.Incentivos a bienes de capital.
.Expansión del sector financiero.
La provincia es núcleo agroexportador y polo industrial. Las reformas pueden dinamizar sectores… o generar tensión fiscal si afectan coparticipación.
¿Reforma estructural o lógica de combate?
El problema no es la ambición reformista.
Es el método.
Cuando el Congreso se convierte en ring, el debate se reemplaza por espectáculo.
La polarización puede consolidar base electoral.
Pero reduce margen de negociación.
Argentina necesita reformas estructurales.
La pregunta es si pueden procesarse en clima de confrontación permanente. La apertura 2026 dejó una escena clara:
Un Presidente convencido de estar cambiando la historia.
Un Parlamento dividido.
Una provincia clave —Córdoba— enviando señales de incomodidad institucional.
Si este será el “Año de la Grandeza” o el año del choque político continuo dependerá menos de los anuncios y más de la capacidad de transformar el ring en mesa de debate.
Y ahí está el verdadero desafío