El Valle de Paravachasca sufrió uno de los golpes más fuertes de su historia ambiental durante los incendios forestales de 2020. En ese contexto, un grupo de vecinos de Anisacate decidió transformar la preocupación por la pérdida del monte nativo en un proyecto concreto de restauración.
Entre ellos estuvo Marta Fontana, docente y licenciada en Filosofía, quien junto a otros voluntarios impulsó la creación de una organización dedicada a producir y plantar especies nativas. Años después de aquel comienzo, la iniciativa se convirtió en la Fundación Garabato Cuna de Nativas, una organización que actualmente produce alrededor de 10.000 ejemplares por año y que se consolidó como referente en materia de restauración del monte nativo en el Valle de Paravachasca y en distintos puntos de la provincia de Córdoba.
Fontana nació en Buenos Aires, pero apenas un mes después llegó con su familia a Anisacate, donde creció en el Valle de Paravachasca, ubicado entre los valles de Calamuchita y Punilla. Su historia personal también está estrechamente vinculada con el contacto con la naturaleza.
Sus padres llegaron a la zona para vivir en medio de un campo, sin electricidad y con una estufa a kerosene. Según recuerda Marta, llegaron con pocos recursos luego de atravesar la crisis del Rodrigazo durante el viaje y un hombre les prestó una vivienda para que trabajaran como caseros.
En aquel lugar criaban gallinas, pavos, patos y cerdos, mientras que su padre también mantenía una huerta. Más tarde comenzó a trabajar en FORJA, empresa que posteriormente pasó a formar parte de Renault. Marta es la quinta de siete hermanos y recuerda que los mayores salían a vender huevos, lechuga y otras hortalizas.
Ese vínculo temprano con el territorio se mantuvo a lo largo de los años. Fontana cuenta que siempre fue una amante del monte nativo y que participó activamente en la lucha por la Ley de Bosques. Ese interés la llevó a comenzar un proceso de formación sobre las especies de la región, sus características, métodos de germinación y formas de reconocimiento.
En 2019 inició un proyecto de forestación junto a estudiantes de la escuela en la que trabajaba. El grupo comenzó a recolectar semillas directamente del monte con la intención de producir ejemplares y utilizarlos en tareas de forestación.
Pero el proyecto se vio atravesado primero por la pandemia y posteriormente por los incendios forestales que afectaron al Valle de Paravachasca durante 2020. Frente a la magnitud del daño, Fontana comenzó a reunirse con otros vecinos de Anisacate que compartían la preocupación por la conservación del monte.
De un pequeño proyecto a un vivero de especies nativas
En una primera etapa, el grupo trabajó en un predio cedido por la Municipalidad de Anisacate, donde también se había conformado una escuela ambiental destinada a generar acciones educativas para la protección del monte.
En 2021, parte de los voluntarios decidió avanzar en un proyecto específico de vivero. El proceso continuó hasta que, en 2023, la Municipalidad cedió en comodato por diez años un predio ubicado en el barrio Balcones.
Fue entonces cuando el grupo decidió formalizar su trabajo y creó la Fundación Garabato Cuna de Nativas, cuyo objetivo es la restauración del monte nativo.
El proyecto comenzó con apenas 20 semillas. Actualmente, el vivero siembra alrededor de 10.000 semillas por año, aunque el porcentaje de germinación varía de acuerdo con cada especie y puede ubicarse entre el 20% y el 80%.
El crecimiento del proyecto también estuvo acompañado por el apoyo de la Municipalidad. La organización recibió tres lotes de aproximadamente 500 metros cuadrados cada uno, donde se fueron desarrollando diferentes sectores destinados a la producción.
Entre las instalaciones construidas se encuentra un sombráculo, una estructura cubierta con media sombra que permite proteger los ejemplares, además de un invernadero para producir plantines durante el invierno.
También se construyó un obrador mediante técnicas de bioconstrucción, destinado al almacenamiento de las herramientas, que fueron provistas por el municipio, y se incorporó un baño.
Una colección de especies propias del monte cordobés
El vivero trabaja con una amplia variedad de especies nativas. Entre ellas se encuentran tumiñico, sen de campo, durazno de campo, manzano de campo, garabato hembra, tusca, piquillín, espinillo, quebracho, mistol, moradillo, cina cina, viscote, algarrobo blanco y negro, garabato macho, espinillo negro, tala y chañar.
También producen enredaderas como peine de mono, tasi y sachahuasca, entre otras especies.
Fontana destaca particularmente el caso del garabato, una especie que considera poco conocida y que suele confundirse con el tala debido a la similitud de sus hojas. Sin embargo, señala que sus características la convierten en una especie de valor ornamental y que sus flores atraen a los colibríes.
La organización comenzó con ocho voluntarios y actualmente cuenta con alrededor de 25 personas que participan de las diferentes tareas.
El trabajo también recibe ocasionalmente el asesoramiento de profesionales especializados. Entre ellos se encuentra Lucio Capeletti, ingeniero y biólogo que vive en Estados Unidos y que se asoció a la Fundación. Desde allí colabora con la identificación de especies y el reconocimiento de plagas.
La importancia de recuperar las especies nativas
Desde la Fundación sostienen que la recuperación del monte nativo no tiene solamente un valor paisajístico, sino que cumple diferentes funciones ambientales.
Por ese motivo, Fontana hace un llamado a los propietarios de campos para que incorporen especies nativas en sus terrenos y se comprometan con la restauración del ecosistema.
Según explica, estas especies contribuyen a atraer polinizadores, funcionan como cortinas de viento y favorecen la calidad del suelo. Entre los ejemplos menciona a los algarrobos y espinillos, cuyas vainas, al caer, aportan materia orgánica y contribuyen a la fijación de nitrógeno, además de favorecer la humedad del suelo.
En ese camino, la Fundación acaba de lanzar De Raíz, un programa que busca desarrollar proyectos de reforestación de manera colaborativa junto a gobiernos locales, empresas e instituciones educativas.
La propuesta apunta a desarrollar programas de triple impacto: ambiental, educativo y económico.
Para esta iniciativa cuentan con el acompañamiento de la Secretaría de Ambiente, Economía Circular y Biociudadanía, además de gobiernos locales como la Municipalidad de Alta Gracia y la Comuna de Dique Chico.
Una organización que también atraviesa dificultades económicas
A pesar del crecimiento alcanzado, la Fundación atraviesa actualmente una situación económica que pone en riesgo la continuidad de sus actividades.
Los integrantes trabajan de manera voluntaria y no perciben un sueldo por las tareas que realizan. Para sostener la estructura, la organización desarrolla planes de forestación destinados a privados, a quienes asesora, provee ejemplares y también puede ofrecerles el trabajo de plantación.
Además, cuenta con un sistema de aportes para socios.
Fontana reconoce que necesitan ampliar el acompañamiento para poder sostener el vivero y continuar con las tareas de restauración. Por eso, la Fundación busca que más personas, empresas e instituciones puedan colaborar o contratar sus servicios de forestación.
Más de 4.000 árboles plantados y cientos de estudiantes
A lo largo de estos años, el trabajo de la Fundación Garabato Cuna de Nativas ya permitió plantar más de 4.000 árboles.
Además, alrededor de 300 estudiantes pasaron por el vivero y participaron de experiencias vinculadas al conocimiento y cuidado del monte nativo.
Para Fontana, una de las mayores satisfacciones está también en observar la evolución del propio grupo de voluntarios. Muchos comenzaron sin conocimientos específicos sobre las especies y, con el paso del tiempo, fueron incorporando herramientas y conocimientos a partir de la práctica y la capacitación.
El proyecto que comenzó con apenas 20 semillas hoy produce miles de ejemplares cada año y busca seguir recuperando parte del monte nativo que los incendios afectaron en el Valle de Paravachasca.
Como reconocimiento a su tarea, el grupo de voluntarios de la Fundación Garabato eligió dedicarles la “Chacarera del Chilalo”, de Fortunato Juárez, interpretada por La Juntada, agrupación integrada por Peteco Carabajal, Raly Barrionuevo y Dúo Coplanacu.
Fuente: Bichos de Campo
